Un momento del partido que se disputó ayer en el Palau d'Esports de Inca. | Nuria Rincón

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Bàsquet Mallorca 83


ViveMenorca 68


Bàsquet Mallorca (26+17+16+14): Grenn (6), Bonds (6), Blanch (20), Riera (26), Northen (3) -cinco inicial- Alzamora (2), Bivià (5), Pampin (9) y Amador (6).

Encestaron 12 de 19 tirso de dos, 13 de 35 triples y 20 de 27 tiros libres. Cometieron 25 faltas personales.

ViveMenorca (12+23+15+18): Umeh (15), Guzman (7), Sánchez (6), Turner (11), Víctor (10) -cinco inicial- Montañana (6), Sabate (0), Otegui (6), Fernández (3), Da Silveira (2) y Llull (2).

Encestaron 20 de 42 tiros de dos, 3 de 15 triples y 23 de 57 tiros libres. Cometieron 20 faltas personales.

Àrbitros: Sr. Martínez y Sr. Zamora. Eliminaron por cinco faltas personales al local Amador.

El derbi de las urgencias se quedó, diez años después, en Mallorca. Lo mereció el grupo de Xavi Sastre, y el ViveMenorca pagó un arranque para olvidar, sus concesiones en defensa y el colapso ofensivo que padeció en una cita que deja la permanencia casi resuelta para los naranjas (83-68) y que prolonga la mala dinámica como visitante de los de Olmos. Riera y Blanch ejecutaron a un Menorca perdido con Guzmán en pista y que fue víctima del ritmo marcado por un Bàsquet Mallorca que exhibió su juego rápido y dependiente del perímetro para romper el choque de inicio e invertir la historia. La bienvenida en forma de triple que tributó Blanch fue un aviso. Carente de batuta, el cinco de Bintaufa fue permisivo y concedió tiros fáciles desde 6'75. Y ahí, el Mallorca no perdona. Umeh asumía los galones, pero de poco le valía ante el acierto de Riera, Bonds y Blanch. Suyos fueron los siete triples que marcarían el sino del clásico. Así, la seriedad defensiva, no ofreciendo segundas opciones al rival, abrió una brecha que fue más allá de la estadística (26-12). El caos en el que habitaba el ViveMenorca lo ejemplificó la antideportiva a Guzmán. Eso colmó la paciencia de Olmos, que puso en pista a Iván Llull. El Mallorca despegaba (34-18) y sólo Turner daba señales de vida. El ritmo naranja castigaba a un rival a merced de un Mallorca menos inspirado, pero que buscaba a Riera -bien defendido por Llull- para mantener el colchón a ritmo de penetraciones o llevándole a la línea de tiros libres. Mantenía el tipo el grupo de Sastre, que en el epílogo del segundo parcial forzó la tercera falta de Turner, y vio la fugaz aparición de Green. Dos triples del artillero llevaron al 53-35 que marcó el ecuador del partido, aunque antes, un triple anulado sobre la bocina a Marc Fernández acabó por crispar a un Paco Olmos sancionado con técnica camino al vestuario.
Concentración
Se le ponían más cuesta arriba las cosas al ViveMenorca, que varió su discurso. El Mallorca seguía apretando los dientes en defensa, pero apelaba al talento de Riera y Blanch para contrarrestar a un oponente que amplió sus prestaciones en defensa, pero que careció de criterio a la hora de encarar aro. El bajón del ritmo favoreció a los locales, condenando al tramo final del tercer cuarto a un intercambio de tiros libres en el que Diego Sánchez se erigió en sustento menorquín tras tocar fondo merced a un triple de Bivià (65-43). Alzamora y Pampín se crecían mientras el Vive no hallaba la fórmula y los albores del cuarto decisivo se convertían en un dolor de cabeza para el Menorca, mientras los naranjas veían cada vez más cerca una victoria vital. Intentó reaccionar gracias a Guzmán el Vive, pero dos triples de Pampín y Blanch reabrieron la herida menorquina (75-54). Entonces, Riera y Bivià supieron jugar con el reloj. Mientras la fiesta se adueñaba del Palau, Umeh y Turner maquillaron un tropiezo doloroso, un triunfo que catapulta al Mallorca y le muestra la senda de la salvación.