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No pudo ser. Al Valencia le bastó la primera acción del partido para despertar al Atlètic Baleares y a una hinchada que ha vivido en una nube durante las últimas semanas. El grupo de Bordalás se presentó en el Estadi Balear con la lección bien aprendida y el tanto antes de cumplirse el primer minuto acentuó su guión y supuso una losa demasiado pesada para los de Calm. Dio la cara el ATB, que murió de pie y con honor ante más de 4.000 seguidores que vivieron una matinal que recordarán toda su vida. El Atlètic tuvo posesión, personalidad y ganas, pero le faltó físico (los valencianistas impusieron su fortaleza) y mordiente. No probó a Jaume Doménech en ningún momento y el regalo de su zaga resultó determinante. El Valencia supo gestionar el marcador a favor y apenas pasó apuros. También contó con la complicidad del colegiado, que barrió siempre para el poderoso en las acciones dudosas y se quedó corto en el descuento... Pero más allá de la derrota y la eliminación, queda para siempre el ambientazo de fútbol vivido en el Estadi. Y en el sueño y la ilusión de una hinchada que se volcó para una ocasión histórica. Caer por la mínima ante todo un Valencia en tu primera presencia en unos octavos de final de la Copa del Rey es para sentirse orgulloso. Con el sueño ya archivado, llega el momento de centrar todos los esfuerzos en el ansiado ascenso a Segunda...