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Prácticamente desde el minuto uno de su elección para el banquillo del ATB, una rugosa y áspera cuerda rodeo el cuello de Pep Sansó. Paradójicamente, su legión de verdugos apenas aguardó a que se abriera pretemporada o que el club blanquiazul culminara su intensa revolución. Simplemente, agarraron el cordel e iniciaron el ritual. A Sansó, como a cualquier otro entrenador, deberían juzgarlo los resultados, aunque es una evidencia que —en su caso— esta circunstancia ha pasado a desempeñar un papel menor.

Es una realidad que el preparador mallorquín se ha acomodado sobre una silla eléctrica y que ha asumido un reto que no admite medias tintas, pero también que una facción del entorno no le ha concedido ni un solo gramo de confianza. De Sansó se cuestiona absolutamente todo. Sus alineaciones, su propuesta futbolística e incluso su actitud durante los partidos. Un empate ante el Xàtiva y una derrota en Valencia —en la morada del Huracán— han elevado el nivel de radiación sobre Pep Sansó, que trabaja a marchas forzadas para hilvanar un equipo cosido en el último minuto.

Hace unas semanas, Fernando Crespí decidió bajar al vestuario y lanzar un mensaje explícito a la plantilla. «Pep es mi entrenador y el de Cursach», desveló el presidente ante los jugadores, harto de los sumarios abiertos alrededor del técnico mallorquín. «Pase lo que pase, es intocable», finalizó el dirigente blanquiazul, consciente del acoso al que está siendo sometido «su» entrenador desde el momento que fue presentado en sociedad.

Paciente y metódico, Sansó lleva tiempo intentando encajar golpes y obsesionado en acelerar los tiempos. De hecho, si cualquier equipo necesita algo de tiempo para ensamblar piezas, el antiguo preparador de San Francisco y Real Mallorca se ha propuesto aumentar la velocidad y desafiar a las leyes más elementales.

Será la competición la que dictaminará si lo ha logrado, aunque es esencial que extienda el paraguas. La lluvia será una constante. A Pep Sansó no le sirve ser un tipo honrado y normal. Los charlatanes y las excentricidades siempre han seducido en este negocio. Así de triste.