En ocasiones, sentimos que todos los demás están en nuestra contra y puede ser una creencia errónea. | drazen_zigic

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«¿Lo habrá dicho por mí? Si eres de las personas que suelen tomarse ciertos comentarios como un ataque personal es probable que te hayas sentido molesto y dolido en más de una ocasión y, además sin entender muy bien el por qué». Esta es la reflexión que plantea la coach de Salud, Marga Almarcha. En este sentido, expone que «comentarios dichos sin ningún tipo de intención pueden ser cuchillos si sacamos conclusiones apresuradas, motivadas por nuestras interpretaciones personales. Sin embargo, en muchas ocasiones no se acercan a la realidad que se está dando; y si a eso le sumamos que nuestras respuestas pueden ser exageradas, y quizás sin la suficiente objetividad, nos podemos encontrar en situaciones incómodas y que nos hagan padecer innecesariamente».

Almarcha advierte que «vivir en ese estado de susceptibilidad nos puede llevar a sufrir mucho, ya que nos podemos sentir rechazados, no valorados o tenidos en cuenta o, incluso, sentir culpa por nuestro comportamiento y estar cuestionándonos constantemente en qué podemos estar fallando o qué estaremos haciendo mal, generándonos más estrés». En este sentido, destaca que «todo este malestar mantenido en el tiempo se va a cumulando en nuestro interior y nos puede hacer dudar de nuestro valor y verse mermada nuestra autoestima, llevándonos a optar por reducir nuestras interactuaciones con los demás, a evitar tener conversaciones difíciles o a reducir nuestro contacto personal con el fin de no exponernos y pasarlo mal».

La coach explica que cuando nos sentimos atacados, igual que ocurre con cualquier amenaza, «nuestro cuerpo puede responder de tres formas: huyendo, atacando o sometiéndonos. De ahí, que ante el mismo hecho cada persona lo viva y actúe de manera muy diferente. Por eso, merece la pena ir más allá e indagar qué hay realmente detrás de vivir las cosas cómo las vivo y descubrir esos motivos que nos ayudará a conseguir reacciones más conscientes».

¿Qué puedo hacer para no sentirme atacada?

Afortunadamente, esta situación se puede solucionar. Almarcha manifiesta que «el primer paso sería observar cuál es la respuesta que más utilizo y qué me pasa. Aquí conviene que nos paremos y analicemos nuestras sensaciones corporales ante ese hecho que nos incomoda; esto nos ayuda a poder anticiparnos e ir detectando las cosas que nos estimulan y reactivan». A su modo de ver, es fundamental «detectar cuáles son las situaciones que más nos estimulan y, sobre todo, cómo estamos emocionalmente, ya que la respuesta cambiará mucho en función de si nos sentimos ansiosos, enfadados, frustrados a si estamos tranquilos, cómodo… Conocer nuestras emociones nos ayuda a resolver mejor las distintas situaciones que se nos dan y nuestras respuestas hacia ellas».

Otra de las claves es observar qué nos decimos a nosotros mismos. «Se trata de escuchar los pensamientos de esa voz interna cuando estamos viviendo esa situación, de ser conscientes de ese diálogo interno para poder tomar responsabilidad y reformularlo para que no nos paralice y no nos haga dudar de nosotros». Además, propone «ampliar nuestra mirada y ver también qué le puede estar pasando a la otra persona. A veces cuesta mucho ponernos en el lugar del otro, pero si queremos dejar de lado la crítica interna y externa es necesario abrirnos a explorar desde la curiosidad el mundo de la otra persona y acercarnos a entender qué le puede pasar para que haga ese tipo de comentarios o tenga determinados comportamientos».

La coach también plantea «ser consciente de lo que depende de nosotros mismo y lo que no. Lo que dice la otra persona no lo podemos cambiar ni podremos influir en ello, pero sí podemos hacerlo en cómo lo vivimos cada uno de nosotros y en todos los recursos que podemos poner a nuestro alcance para vivirlo diferente y que no nos afecte». También recomienda «toma decisiones desde la calma y la reflexión. A veces queremos estar un lugar en el que no estamos cómodos, nos callamos por evitar el conflicto, aunque esto nos desgaste y, por otro lado, sentimos necesidad de cambio. Para ello, es necesario parar y desde la calma analizar lo que es importante para nosotros y tomar decisiones sobre ello más reflexionadas».

«Somos seres sociales y nos pasamos el mayoría nuestro tiempo interactuando con otros individuos, ya sea en persona o a través de dispositivos, creando vínculos, construyendo relaciones. Por ello, se hace necesario ampliar nuestra perspectiva e ir más allá de los mensajes que recibimos para tener relaciones más satisfactorias, tanto con los demás como, y más importante, con nosotros mismos».