La cuesta de enero es muy dura para algunas personas, que tienen que hacer muchos números. | Freepik

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Tras las fiestas de Navidad toca subir la cuesta de enero, que este año se está haciendo aún más empinada. A la elevada inflación (cerró el mes de diciembre en el 6,5 por ciento), hay que añadir los gastos extras como la compra de mascarillas, test de antígenos o geles hidroalcohólicos para hacer frente a la pandemia de COVID-19. La coach personal y de salud, Marga Almarcha, sostiene que «la economía familiar es posiblemente el tema que más preocupe a un groso de la población, bien porque la COVID les ha puesto en una situación complicada por la reducción de los ingresos provenientes del trabajo; bien porque sus economías no estaban saneadas antes de la pandemia, lo que provocó una situación todavía más debilitada; o bien porque el uso que se hace del dinero lleva a no poder llegar a fin de mes por las circunstancias que sean».

En este punto, sostiene que «en muchas ocasiones gastamos más de lo que ingresamos, lo que nos lleva a vivir en una continua incertidumbre al ver que cada vez nuestros ahorros son más escasos para afrontar posibles imprevistos futuros que requieran un desembolso inmediato ante el cual no sabemos si podremos hacer frente. Lejos de parecer pesimista, cada vez existen más recursos a nuestro alcance para poder cambiar nuestros hábitos de gasto. Quizá ese sería el primer punto en el cual poner atención, que no es otro que el patrón de gasto que nos confeccionamos a medida en muchas ocasiones llevados por el consumismo social y la apariencia, lo que genera un bucle de compras, salidas, viajes…en muchas ocasiones difícil de mantener a largo plazo».

La coach explica que «el origen de esto puede deberse a esa necesidad innata del ser humano de sentirse perteneciente o igual a su grupo, lo que puede generar que en ese deseo de sentirse visto, reconocido y valorado consuma más productos que le lleven a tener unas finanzas menos saneadas de lo que le gustaría. Aunque pueda costar reconocerse en esta situación, sin duda hacerlo consciente es la única forma de poder cambiarlo y empezar poco a poco con un plan financiero personalizado que ayude a llevar un equilibrio entre lo que se gana, se gasta, las deudas y lo que se logra ahorrar».

¿Cómo hacer nuestro plan financiero?

«Sin duda, lo principal es saber que gastamos. Para ello, es importante detallar cada gasto para diferenciar cuál es fijo, prioritario de los prescindibles. Clasificando cada gasto sabrás por donde recortar en el momento que quieras hacer un plan de ahorro», sostiene Almarcha. En este punto, insta a tener controlados los gastos fijos automatizándolos, ya que «así sabrás la cantidad de la que puedes disponer para ocio, otras compras y ahorro, una vez se hayan descontado éstos».

Otra de las recomendaciones es reducir el gasto en la cesta de la compra. «Es importante que dediques al menos un día de la semana a comparar precios entre supermercados para saber dónde te interesa comprar; así evitarás hacer viajes innecesarios buscando las ofertas del día. Otra forma de ahorrar, es hacerla online, siguiendo una lista con lo imprescindible y esquivando las tentaciones que a veces se producen cuando vamos al establecimiento».

También es muy importante reducir los pagos a crédito y los pagos a plazo «que solo hacen mermar tu capacidad de ahorro y con ello tu solvencia». La coach anima a distribuir los ingresos siguiendo la regla 50/30/20. Esto significa que de lo que ganas puedes gastar el 50 por ciento en gastos fijos, un 30 por ciento distribuido en aquello que más te guste (ocio, ropa, libros…) y el 20 por ciento sobrante es el que debes ahorrar. Si este 20 por ciento para ahorro te parece al principio demasiado, puedes empezar marcándote pequeños objetivos que te lleven a ahorrar cada mes un poco e ir incrementándolo. Lo importante es aprender a ahorrar».

La coach precisa que «la inteligencia financiera va más allá de cómo ahorrar o del conocimiento que tengas sobre tus finanzas, más bien está enfocada a la habilidad con la que manejamos estos temas. Lo positivo de todo esto es que estamos ante una habilidad y como tal la podemos adquirir en cualquier momento, previamente estudiando sobre ello y, sobre todo, poniéndola en práctica, desarrollándola a lo largo de nuestra vida, para cuando lleguemos al momento de nuestra jubilación podamos disfrutar de esa vida que tanto nos merecemos». A su modo de ver, «la inteligencia económica nos pone de relieve un punto importante a tener en cuenta que, aunque se sepa, en muchas ocasiones cuesta llevarlo a la practica: la importancia de saber cómo administramos el capital que poseemos. Si conseguimos administrar con conocimiento nuestro dinero obtendremos libertad financiera lo que nos dará la posibilidad de poder vivir sin preocupaciones».

Almarcha reconoce que «pensar en el futuro siempre genera incertidumbre y miedo, sobre todo cuando vivimos en un país donde las expectativas sobre su economía cada vez están más en entredicho, por lo que aprender a gestionar de una forma inteligente nuestros ahorros nos dará esa tranquilidad que tanto necesitaremos. Sin duda, el reto está en saber potenciar esta habilidad en nosotros y, sobre todo saberla transmitir a nuestros hijos para que ellos desde jóvenes sepan la importancia de disfrutar de libertad financiera y de cómo una buena gestión de su patrimonio influye en ella.