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El citado poeta francés, que vivió de 1675 a 1740, se le ha atribuido un pequeño poema sobre la salsa mahonesa. Se discute si no podrían haber sido otros dos del mismo apellido, Nicolas o Claudio, aunque las fechas crean muchas dudas. Francia dominó Menorca entre 1756 y 1763 y si a causa de aquella conquista, el descubrimiento de la popular salsa fue moda en muchas mesas galas para celebrarlo, el tal Lancelot ya la había catado, por lo menos, dos décadas antes.

Y he aquí el soneto: «En vuestro bol de porcelana/ una yema de huevo habréis colocado/ sal, pimienta y vinagre apenas/ y vuestro trabajo habrá comenzado./ Verted el aceite gota a gota,/ la mahonesa tomará cuerpo,/ se espesa, no lo dudéis/ en ondas relucientes que llegan a los bordes./ Cuando veáis que es suficiente/ para alegrar vuestro almuerzo/ ponedla en fresco, por prudencia./ Habéis terminado. No la toquéis más.»

La pregunta es cuándo y cómo ese Lancelot la habría conocido. ¿Pudo haber sido en otras circunstancias, es decir, durante la Guerra de Sucesión al trono de España, siendo por entonces Menorca un punto estratégico en el ir y devenir de las escuadras? ¿O quizá una aventura personal del náufrago o el marinero detenido en tierra firme? No sería extraño. Durante los siglos XVI y XVII son detenidos e interrogados por la Inquisición diversos individuos llegados a las Baleares en solitario como Pierre Vegí, Robert Cansangui, Antoine Marcel, Jacques Bequin y muchos otros.

Dejémoslo así y vayamos a la receta que en honor al tema podemos hoy preparar: Metemos en una taza grande dos yemas de huevo, un pellizco de sal y zumo de limón o dos o tres cucharadas de vinagre. Seguidamente batimos la mezcla, siempre en la misma dirección y vamos echando buen aceite de oliva poco a poco, procurando que espese gradualmente. Hecha la salsa la reservamos para proceder a la preparación de los espárragos. Lavamos un manojo de éstos, quitando la parte blanca o más fibrosa, y los cocemos en agua y sal por espacio de tres cuartos de hora. Luego limpiamos las hojas de una lechuga y las escaldamos para que se ablanden. Finalmente las ponemos sobre una fuente y las cubrimos ligeramente con la mahonesa. Y sobre ésta los espárragos cocidos.