Elaboración de la típica 'llet d'ametlla' para Navidad. | Lydia E. Larrey

Uno de los dulces más característicos que aparecían regularmente en las mesas de nuestras antiguas fiestas navideñas fue la leche de almendras. En la localidad de Santa María del Camí han mantenido vigente esa tradición hasta ahora. Su introducción suele atribuirse a la comunidad de frailes Mínimos del Convento de la Mare de Déu de la Soledat, ubicado en dicha población desde 1682. Dicha Orden religiosa fundada en 1435 por San Francisco de Paula en Italia, llegó a Mallorca el año 1582. Es una congregación mendicante, cuya Regla obliga a una extrema austeridad, sumando a los habituales votos de obediencia, castidad y pobreza, la abstinencia permanente de carne y sus derivados, como huevos y lácteos, siguiendo el ascético ejemplo de los cartujos.

La mencionada normativa penitencial que esos religiosos seguirán de por vida, hace incorporar a su dieta habitual alimentos alternativos que permitan mantener un aporte calórico suficiente y equilibrado. Su renuncia a los lácteos de origen animal, habría sido la causa por la cual habrían adoptado el consumo de la leche de almendras como sustitutivo de la animal. Dicha preparación tiene un origen oriental y está lógicamente vinculada a la introducción de la almendra en el Mediterráneo por los fenicios, hace más de 2.000 años, quienes las habrían traído desde tierras asiáticas. No obstante, el procedimiento para la obtención de la leche de almendras no se practicó en Occidente hasta que los árabes lo difundieron. Su favorable aceptación, le propició una amplia y rápida difusión, a pesar del notable coste que tenía.

En nuestro entorno su consumo regular se remonta, como mínimo, a tiempos medievales, apareciendo como ingrediente en numerosas recetas de textos culinarios medievales catalanes como el Llibre de Sent Sovi y el Llibre de totes maneres de potatges de menjar. Mientras que en el primero es utilizada para fines culinarios y sanitarios, en el segundo forma parte de recetas de salsas como las de pahó, la camellina o la salvatgina, destinada a los platos de caza. Interviene asimismo en preparaciones como la limoneha, el mig raust, la ginestrada o el ordiat.

En el convento santamarier la primera mención de su consumo aparece en 1690, concretamente en la festividad de la Mare de Déu de la Soledat, patrona y titular del mismo. El asiento contable precisa: Quatre lliures de sucre per fer llet de melles per la festa de Nostra Senyora de la Soledat. El mismo día, adquirieron también Sis lliures de bescuit menut, que parecen haber sido el quemuiar que la acompañó. A partir de esa fecha aparece en nuevas celebraciones, como las dues gerres de llet (de mella) per la festa de Sant Francesc de Sales en 1692 o Tres almuts de melles per fer llet de melles de 1695. Desde entonces, Santa Maria del Camí mantiene su consumo en las fechas navideñas.