El pintor Guillem Nadal divide una obra en 351 partes, que sirven como etiqueta para un producto del bodeguero Toni Gelabert. | Eulàlia Piera

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Toni Gelabert, propietario de las bodegas homónimas enclavadas en Manacor, pensó cómo unir sus dos grandes pasiones, el arte y el vino, de una manera que nunca se hubiera hecho. Así nació el proyecto Fusió 5, con la idea de mezclar los cuatro elementos telúricos –fuego, aire, agua y tierra– con el arte a través de cinco obras de arte y otros tantos vinos diferentes. La primera propuesta tuvo como protagonistas a Albert Pinya y a Guillem Nadal y hace pocas fechas vio la luz la segunda ‘criatura’. Nadal volvió a aportar su calidad artística, pero esta vez no se vio completada con el talento de otro pintor, sino que recurrió a la literatura a través del escritor cubano y crítico de arte Iván de la Nuez.

«Hace años realicé una exposición conjunta con él en donde exploramos la relación y los límites entre literatura y pintura con textos de Montaigne», explica el pintor de Sant Llorenç. Nadal había pintado una tela de 2,40 x 1,30 m. y una mañana De la Nuez empezó a recitar frases, que escribía Nadal con una tiza sobre su obra. En total fue poco más de una hora y la actuación quedó registrada en vídeo por Eulàlia Piera, pareja del pintor.

«Queríamos hacer algo de una sola pieza. Era curioso, porque Iván me decía las frases en castellano, pero las escribía en catalán y tenía que tener en cuenta que debía escribirlas de una forma que quedara integradas en el cuadro».

Un producto ‘redondo’

Por su parte, Gelabert había hablado con el viticultor Joaquín Monserrat para que seleccionara cinco tipos diferentes de las uvas: Mantonegro, Caubernet Sauvignon, Callet, Merlot y Syrah. «Son las mejores variedades autóctonas y las más apreciadas internacionalmente. Me gustan los vinos redondos, fruto del trabajo bien hecho y creo que en este momento lo importante es realizar proyectos que fortalezcan las relaciones humanas y la amistad verdadera. De ahí ha salido un vino que ha estado 12 meses en barrica de roble y dos años de crianza en botella», dice.

Uno de los procesos más delicados fue dividir la obra en 351 partes y después pegar cada trozo en el frontal de la botella mientras que en la contraetiqueta se especificaba el número al que pertenecía la obra. «Hemos preparado cajas de seis botellas y cinco de ellas tienen esas partes y en una se reproduce la obra entera», añade Gelabert, por lo que la producción total superar las 500 botellas. El vino no se ha puesto a la venta. «Este proyecto perdería su esencia si se buscara un beneficio económico», explica el bodeguero.

Viure, pintar i beure es el leitmotiv de un proyecto en el que Nadal y De la Nuez se preguntan: I nosaltres, qué pintem aquí? En este mundo... / Pintar algo es vivir / Vivir algo es pintar / Pero sobrevivir / No es sobrepintar.