El estado de nuestra lengua puede alertarnos de varias enfermedades. | Pexels -Tima Miroshnichenko-

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La lengua desempeña un papel esencial en funciones vitales del cuerpo humano, desde la comunicación al masticar hasta la percepción del sabor y la limpieza bucal. Sin embargo, más allá de estas funciones básicas, su aspecto puede servir como un termómetro de nuestra salud interna. El Consejo General de Dentistas ha lanzado una advertencia crucial para la salud: el estado de nuestra lengua puede ser revelador de diversas enfermedades. A partir de su apariencia, es posible detectar trastornos tales como anemia, patologías fúngicas, autoinmunes y problemas hepáticos, entre otros.

Por ejemplo, una lengua pálida podría ser un signo de anemia, provocada por una reducción en la cantidad de glóbulos rojos o falta de hierro en el cuerpo. Si presenta una capa blanca, podría tratarse de infecciones como la candidiasis oral. En el caso de un tono amarillento, se estaría frente a un indicio de ictericia, asociada a problemas hepáticos. Las enfermedades autoinmunes, tales como el lupus o la enfermedad de Behçet, pueden manifestarse a través de úlceras y llagas en la lengua. Además, deficiencias de vitaminas A, B2 y C, así como el estrés o cambios hormonales, pueden provocar inflamaciones o la aparición de grietas, en lo que se conoce como lengua geográfica.

El tono de la lengua también puede reflejar problemas cardíacos, circulatorios o del aparato digestivo. Mientras que ciertas infecciones bacterianas se presentan con una apariencia peculiar en la lengua, como un aspecto fresa o la aparición de dolorosas llagas. Asimismo, es relevante considerar los hábitos diarios y su impacto en la lengua. El consumo excesivo de tabaco, alcohol, café y té negro puede derivar en una lengua vellosa, aunque este problema tiende a desaparecer al reducir o eliminar estos productos.

Dado la relevancia de mantener la salud de la lengua, el doctor Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas, enfatiza la necesidad de una higiene bucal adecuada. «Además de cepillar los dientes, es fundamental limpiar la superficie de la lengua. Usar un raspador lingual o un cepillo específico ayuda a eliminar bacterias y residuos de alimentos», aconseja. También sugiere eliminar irritantes, como dientes rotos o prótesis mal ajustadas, y moderar el consumo de sustancias como el tabaco y el alcohol.

Es crucial mantener una dieta equilibrada para evitar deficiencias vitamínicas que puedan afectar negativamente a la lengua. El doctor Castro Reino concluye: «Ante cualquier alteración o cambio inusual en la lengua, es imperativo acudir al dentista para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados». En definitiva, nuestra lengua es más que un órgano; es un reflejo de nuestra salud interna.