Catalina Martínez, vecina de Inca, es una aficionada a la recolección de setas. | Pep Corcóles

Diciembre marca el final de la temporada de setas. El frío, que se supone más intenso a partir de este mes, provoca que los hongos dejen de fructificar. Uno de los últimos es el que da las conocidas como gírgoles d’estepa, en Mallorca; fredolics, en Cataluña; ratón, en castellano, y cuyo nombre científico es Tricholoma terreum. Desde hace unos días, los aficionados han empezado a recoger estas gírgoles d’estepa, pero aún se recogen otras muchas muy tempranas debido a las inusuales temperaturas elevadas que se han producido hasta hace pocos días.

Catalina Martínez es una aficionada de Inca que cada año espera con interés la llegada del otoño para salir al campo a recoger setas. «Ahora mismo estoy encontrando orelles de llebre, gírgoles d’estepa, gírgoles de pi, cogomes, esclata-sangs y hasta picornells y picornells peluts», dice. El caso es que los picornells son setas muy tempranas, suelen aparecer a finales de verano, en septiembre, incluso en agosto. No es normal que a estas alturas del año se sigan encontrando.

Josep Lleonard Siquier, micólogo, coautor de Els Bolets de les Illes Balears, explica que «los esclata-sangs son setas de octubre pero no es de extrañar que se sigan recogiendo ahora mismo puesto que hasta hace unos días teníamos temperaturas nocturnas de 12 grados centígrados y diurnas superiores a los 20 grados».

El experto califica la temporada de este año como ‘atípica’. Agrega: «Se ha prolongado en muchas especies como el esclata-sang o el picornell. Eso no es bueno ni malo, simplemente no es habitual». Los aficionados están encantados pues este año han encontrado gran variedad y coexistiendo en el tiempo si bien no han podido desarrollar su afición cada semana. «Debemos tener en cuenta que las lluvias se han dado muy espaciadas. Eso ha provocado intermitencias en la aparición de setas», indica Siquier.

Lo que sí parece es que ha dejado de ser rentable para los payeses. Josep Cantarell, de Sencelles, explica que «los supermercados y los mayoristas traen gran cantidad de setas de todas partes del mundo y de cada vez se venden más baratas. Aunque salir a coger setas para vender en el mercado aún reporta un dinero extra importante, no es ya como antaño». Efectivamente los grandes mayoristas de Mercapalma han vendido este año grandes contingentes, especialmente de esclata-sang, con unos precios que han llegado a bajar hasta los 8 y 10 euros por kilo. «Hace unos años el esclata-sang mallorquín se podía vender a 30 euros el kilo; hoy hay tanta oferta de fuera que no es posible», indica Catalina.