Juan José Alcaide es el gerente de la explotación de olivos en la finca de Son Mesquidassa. | Gori Vicens

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De que el cambio climático está afectando a la agricultura no hay duda. Los productores de aceite también lo están tocando con las manos. Este año hay muchas menos aceitunas, no sólo en la Serra de Tramuntana, zona de secano, sino también en el sur de la Isla con regadío. En la finca de Son Mesquidassa, que cuenta con una plantación de 150.000 olivos en sistema intensivo, la inesperada e inhabitual semana de calor que hizo entre marzo y abril fastidió la temporada, que se presentaba muy buena. Los árboles estaban en plena floración. «La flor no está acostumbrada a este calor a destiempo, la pilló abierta y la secó», explica el gerente de la explotación Juan José Alcaide. Esto propiciará que se recoja un 35 % menos de lo que estaba previsto a principios de año. El calor también hará que se adelante la recolección. Si lo habitual es a mediados de octubre, este año se empezará dos o tres semanas antes, dependiendo de las lluvias que puedan caer estos días. «Con el calor los árboles han pasado sed y esto hace que la aceituna madure antes», explica Alcaide. Todavía es de color verde, pero según la lluvia que caiga, cambiará a verde amarillo que es cuando empieza a madurar.

La previsión para esta campaña está estimada en recoger entre 9.000 y 10.000 kilos por hectárea, cuando la previsión inicial –a comienzos de año cuando se hizo la trama- era de entre 15.000 y 16.000 kilos.

Pero, en cuanto a calidad, no se prevé ningún cambio: «Será de buena calidad», asegura Alcaide. El hecho de que tenga menos cantidad de aceituna no afecta a la calidad del aceite.

Este clima anormal está afectando y mucho, y a todas las variedades. Para mitigar estos efectos e ir adaptándose al clima, están estudiando cambiar el tipo de siembra que hacen: «Plantar otras variedades nuevas y sembrar en otra época; tendremos que hacer un cambio grande para adaptarnos al clima que nos está viniendo encima», apunta Juan José Alcaide.

La mayor parte de los 150.000 árboles que conforman la plantación más grande de Mallorca son de variedad Arbequina y Arbosana. También tienen de Koroneiki y Sikitita. En Son Mesquidassa tienen un campo experimental. Por ejemplo, la Frantoio la arrancaron al no dar los resultados esperados en este terreno. En su lugar sembrarán más Arbosana, que será la que predominará en la finca. «Es un árbol agraciado que te da un buen aceite y es constante en la producción», explica Alcaide.

Si todo va según el último guión previsto y, dependiendo de las lluvias de estos días, a finales de mes o a principios de octubre la máquina recolectora empezará a trabajar a destajo y todo el engranaje de la almazara se pondrá en marcha.