Xesc Sans posa frente a sus algarrobos y sus ovejas de Can Ros. | A.M.

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Xesc Sans (Calvià, 1968) respira y transmite pasión por el campo. En su juventud aprendió el oficio de payés de la mano de Tomeu, quien explotaba las fincas de su padre. Le enseñó a diferenciar las variedades de almendro y le introdujo a una actividad que para Xesc da «sentido y plenitud» a su vida. Su trabajo le permite añadir un sueldo a una labor que anímicamente le reconforta: «Me siento bien al ver cómo tengo las fincas».

Bio y eco son dos prefijos, dos etiquetas que están más de moda que nunca. Pero lejos de haberse sumado a la ola por la rentabilidad que esa producción ofrece, Xesc Sans dio el paso hacia lo ecológico en 1999 por convencimiento. «En Mallorca tenemos que competir en calidad, y el sello ecológico es la mejor garantía de ello», afirma. El propietario de Can Ros señala también que «el payés es el primero que sufre los efectos de los químicos que tira», por lo que apuesta por una agricultura muy conservadora del suelo. Mínimo uso de maquinaria y la inestimable ayuda de las 34 ovejas que maneja.

Ésa es la cifra de animales que puede mantener sin aportación externa de comida. Las ovejas, dice Xesc, son un complemento de su actividad agraria que también rentabiliza a través de la cooperativa Me Ecològic. «Un payés es un aprovechador de recursos», comenta. Así gestiona las 14 hectáreas productivas que tiene –de las 32 ha totales– que dedica al olivar centenario y sobre todo a la almendra y la algarroba.

Una apuesta, la del algarrobo, de pasado y con mucho futuro «Hoy en día en Mallorca no hay nada más rentable; hay pocos productos que nos paguen por encima de un euro por kilo», indica. Precisamente en torno a la protección de los algarrobales gira una de las reivindicaciones de la reanimada Associació de Pagesos i Ramaders de Calvià que Xesc Sans preside. Lo jugoso del negocio de la algarroba les obliga a pedir una policía rural capaz de controlar posibles asaltos.

La entidad reclama también una menor burocracia al relacionarse con la Administración, pero agradece que el ayuntamiento haya sido sensible a sus peticiones respecto a las subvenciones agrarias recibidas. Voces autorizadas que ofrecen su asesoramiento al municipio. Con todo, «las quejas de los payeses demuestran que el sector está vivo», subraya Xesc Sans, harto del lamento y empeñado en mostrar una visión optimista de la actividad. De hecho, no le preocupa el futuro de la payesía: «Existirá si es necesario, y creo que hay una necesidad; la pandemia nos ha demostrado esenciales».

El porvenir de la agricultura calvianera irá ligado a la valoración del producto local, para lo que Xesc reclama una «mayor concienciación de que la comida es salud y calidad de vida». Y ahí radica un sobrecoste que acepta: «Prefiero invertir en lo ecológico que en un viaje». Y al final, como si de una película se tratara, Xesc de Can Ros deja claro que «siempre nos quedará la agricultura».