Pedro Soler en plena elaboración de sus quesos de cabra y oveja. | Redacción Part Forana

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Pedro Soler trabajaba como ingeniero informático para una conocida empresa del sector. Cansado del estrés y la rutina de su trabajo, decidió dar un vuelco a su vida. Hoy fabrica quesos con su familia bajo la marca Fet a Son Garrova. «Dejé la informática para dedicarme al turismo. Mi familia regenta un hotel rural y decidí cambiar. Teníamos una cabra para limpiar los lindes de la finca y, como entretenimiento, pedí encargarme del animal. La ordeñaba y como teníamos tanta leche intenté hacer queso. Poco a poco me fue gustando y adquirimos dos cabras más. Fui perfeccionando la fabricación y creciendo en la actividad», cuenta el quesero.

Ahora posee un rebaño de 70 cabras y 70 ovejas que dan leche fresca su pequeña fábrica. Su esposa, su cuñada y su hermano son la plantilla que componen la familiar factoría quesera Fet a Son Garrova. «Comercializamos los quesos mediante venta directa en mercados y ferias y también en pequeñas tiendas y restaurantes».

Pedro ha sido muy inquieto estos últimos cinco años, proceso que ha durado la transición del hobbie a la actividad fabril. Durante este tiempo no ha parado de experimentar con nuevas texturas, curados y sabores. «He tirado muchos quesos porque satisfacerme el resultado, pero también he logrado novedades de gran éxito».

Uno de los quesos que más satisface a este profesional es el que hace con tinta de sepia. «Se trata de un queso de color morado negruzco que sorprende al consumidor. Aún trabajo en él, intento que tenga un sabor más potente a mar; quizá incluyendo algún tipo de planta marina comestible en su composición». También ha conseguido mucho éxito con un queso verde elaborado a base de jugo de albahaca.

Los restaurantes de cierta categoría son los que aprecian más la variedad original de quesos. «Muchos se han interesado por nuestros productos porque son muy atractivos para elaborar las típicas tablas de quesos». A pesar de que sus innovaciones, «el grueso de ventas lo componen sin duda los quesos tradicionales. Trabajo con tres líneas de producción: coagulación láctica, quesos azules y prensado», indica Soler.

El hermano de Pedro Soler ordeñando las cabras.

Para mantener a su rebaño cultiva 70 quarterades de terreno que «no bastan», precisa. «Complementamos su dieta con cereal y leguminosas. Les damos una alimentación tradicional, como toda la vida se ha hecho en Mallorca, para obtener una leche de calidad», explica.