Valor añadido a los frutos de la tierra

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Antoni Carbonell y su madre con las sobrasadas.

Antoni Carbonell y su madre con las sobrasadas.

P. Córcoles

Antoni Carbonell Figuerola es un joven payés de 30 años de Inca que reside en s’Hort de Can Blai. Ha decidido seguir la profesión de sus ancestros y dedicarse a cultivar la tierra pero con una formación adecuada previa y aplicando sistemas que hagan rentable la actividad tradicional. «Desde el principio tuve claro que el campo debe modernizarse y que un payés del siglo XXI no puede ser simplemente un productor, sino que debe transformar y vender el producto elaborado si quiere obtener una rentabilidad aceptable», explica.

Hace unos años que inició su actividad, contando con el apoyo ferviente de sus padres Maria y Antoni, que trabajan con él. «Mi padre y yo cuidamos las fincas y a los animales, y mi madre es la especialista en la elaboración de productos transformados: las mermeladas y los embutidos». Y es que Toni produce básicamente sobrassada, camaiot y mermeladas. Para ello, cuenta con varias fincas donde pastan sus animales y otra finca donde cultiva algunas variedades de árboles frutales: higueras, albaricoqueros, naranjos, limoneros y ciruelos, entre otros.

Maria Figuerola, madre del joven payés, describe: «Con la variedad de frutas de que disponemos empecé a experimentar con la elaboración de mermeladas pero intentando innovar». Así elabora una mermelada de naranja con chocolate, guindillas e incluso una de sobrasada. «Sí, es cierto –indica– cuando tenemos un excedente de sobrassada que se nos vuelve vieja. La aprovecho para transformarla en mermelada. Lo cierto es que está teniendo gran aceptación».

El ganadero, en su finca con una piara de cerdos, ha decidido seguir la profesión de su familia.

Cada lunes sacrifican uno o dos cerdos para elaborar embutidos tradicionales. Cuenta Antoni que «lo hacemos siguiendo la costumbre de la tierra; empezamos en octubre y finalizamos en marzo. Aprovechando la idoneidad del otoño para ello». El agricultor agrega: «Cada temporada sacrificamos entre 50 y 70 cerdos que hemos engordado íntegramente en nuestras fincas. Criamos porc negre mallorquín y cerdo blanco para elaborar los dos tipos de sobrassada. Los alimentamos sólo con los productos tradicionales que nosotros mismos cultivamos: habas, higos, cereal, guisantes y pasto natural».

Lo que más preocupa a Antoni es «la burocracia que se tiene que salvar para poder trabajar. Ahora estoy tramitando los permisos para construir una nave donde poder agrupar a mis animales; tenerlos en régimen semi-extensivo y no tener que andar de finca en finca. Lo cierto es que el papeleo parece no tener fin».

El sistema de trabajo de Antoni le está dando resultados aceptables, según su criterio. «Hemos tenido que trabajar mucho para crear, además de un sistema de producción, unos canales de distribución y venta». Antoni vende ahora la mayor parte de su producción en tiendas de la Península «en un porcentaje que supera el 50 por ciento de lo que elaboramos. Eso hace que me anime mucho y crea que, con trabajo y dedicación, es posible que el campo mallorquín tenga un buen futuro», afirma.

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