Na Joana ‘Mirona’ ahora trabaja para conseguir los objetivos que marcan la economía familiar.

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Pasar de trabajar en un banco a tratar a diario con cerdos y ovejas no debe de resultar nada fácil. Y mucho menos lo es cuando el trabajo en el campo es un mundo totalmente desconocido para ti. Este es el caso de Joana Cerdà Cañellas Mirona (Montuïri, 1981), diplomada en Turismo. En abril de 2015, tras un ERE en la entidad bancaria en la que trabajaba, abandonó la oficina bancaria de Manacor. Meses después, tras dar a luz, tomó «una decisión difícil», coger las riendas de la explotación familiar. «Era un mundo que desconocía totalmente. Al principio no sabía casi por dónde empezar. Y es que la agricultura vista desde fuera parece un hobby», explica.

Ahora, tras cinco años de trabajo diario en fora vila, Joana Cerdà asegura que «no me arrepiento y viendo cómo esta el sector bancario, aún menos». «Ahora mis objetivos son familiares, trabajo para mi propia economía y en el banco los objetivos por los que debía luchar eran en beneficio de otros».

Cerdà también pone sobre la báscula del cambio que «he ganado en vida familiar y disponibilidad horaria. Sabes que tienes un trabajo que debes hacer y te adaptas para compaginar las dos cosas. El día a día empieza con las tareas familiares y, ya con los niños en la escuela, Joana se desplaza para arreglar els animals. Una vez que los ha alimentado a todos y ha comprobado que todo está en orden en Son Pujol, Montuïri, el siguiente paso es trasladarse donde el trabajo lo requiera, ya sea en la finca de Solleric en Llucmajor o en Can Moragues, en Algaida.

‘Porcelles’

Este año que acaba de finalizar ha sido duro para la explotación dedicada al cerdo de engorde para las matanzas. «Aún tenemos cerdos que tenían que salir de la explotación el pasado mes de marzo. Hemos tenido que redireccionar nuestra explotación y dedicarnos a la porcella», señala Cerdà. «Del mes de marzo hasta ahora nadie ha querido cerdos. Al cerrar las carnicerías sus almacenes estaban llenos, los secaderos de sobrasada estaban también saturados, y ello provocó que los cerdos que debían salir hacia el matadero nos los tuviéramos que quedar. En consecuencia, no nos ha quedado más remedio que alimentar a estos animales durante todo el año. Nuestra ‘suerte’ ha sido que nos dedicamos a los cereales y no ha sido necesario comprar alimento para estos animales», explica Joana.

Sobre la presencia de la mujer en el campo, Cerdà asegura que «aún queda mucho trabajo por hacer. Creo que en la Península la mujer rural está mucho más reconocida que en Mallorca», asegura. Recuerda cómo «en los primeros meses de trabajo en la explotación, me encontré con personas, principalmente gente mayor, que me decían: Esperaré a tu marido para cargar este saco. A mí aquellas situaciones me chocaban, se creen que al ser mujer no eres capaz de levantar un saco», lamenta Joana Cerdà.