El pasado 20 de marzo se plantaron las meloneras que en la actualidad ya dan sus frutos. Ahora, el problema será la venta. | Gori Vicens

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Estos días se entra de lleno en la cosecha del melón. En el Pla de Mallorca, en Ariany, toneladas de melones están a punto para ser recolectados por la empresa productora Agrime SAT socia de la comercializadora Agroilla. Los cultivan de dos clases: marina, de carne dulce y suave; y la más conocida calapoter o piel de sapo, de carne crujiente y sabrosa. Entre ambas, en esta finca prevén una buena campaña con un millón de kilos.

El melón es una fruta fresca, jugosa, idónea para consumir estos meses de calor. Su proceso se inicia unos cuatro meses antes. Sobre el 20 de marzo se inicia la siembra de las meloneras. «Son un cultivo que necesita mucho cuidado, principalmente agua y laboreo (que este año no lo hemos podido hacer como preferiríamos debido a las constantes e intensas lluvias), ello nos ha afectado con la crecida de mucha hierba y no podemos llevar los campos limpios como desearíamos», explica Toni Ribot, socio productor.

Cuando están en plena producción y en época de fuerte calor, cada melonera necesita unos 6 litros de agua diarios para hacer una buena producción, que ronda entre los 10-12 kilos de melón. Para favorecer una buena producción y facilitar el trabajo de los agricultores, las meloneras se siembran cada 1,5 metros en línea y con un espacio a lo ancho de 2,20 metros para facilitar el paso del tractor con los recolectores.

Toni Ribot y Joan Simonet, en la finca de Ariany.

La recolección del melón se hace con trabajadores especializados que seleccionan en campo los melones que están listos para consumir, dejando para próximas recolecciones los que no están aún en su punto. La recolección se hace con la ayuda de una máquina recolectora, los operarios van depositando sobre unos brazos con cintas los melones y éstas los suben al remolque para depositarlos en las cajas para su venta. Empieza la temporada de cosecha y como en muchos otros cultivos los agricultores están preocupados por la comercialización, «no sabemos dónde llevarlo a vender», explica Ribot.

Antes de la crisis y siguiendo los mismos baremos de años anteriores sembraron la producción idónea, pero con el parón y al dedicar un 70 % de la producción a la hotelería y a la restauración, temen que se pierdan, con el consiguiente coste económico que esto supone para las empresas agroalimentarias. «Este año tendríamos que conseguir que cada mallorquín compre un kilo de melón, así salvaríamos la temporada», comenta Toni Ribot, que reconoce que cada vez más la ciudadanía opta por comprar producto local, de proximidad. «Pero, incluso así se necesita que todavía se crea más con la calidad del producto de aquí», incide. De ahí hacer hincapié en la concienciación de comer producto local.