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El Mandala de Pollença es uno de los atractivos de su museo. Situado en un rincón un tanto oculto, su fragilidad y su gran tamaño han hecho que sea una de las piezas que inalterablemente siempre halla el visitante que se quiere separar del recorrido habitual para descansar la mirada en sus hipnóticos colores y formas.

Elaborado por dos monjes tibetanos hace ya un cuarto de siglo, el mandala se ha convertido en todo un símbolo que hace recordar a muchos los días tan especiales que se vivieron con la gran muestra de arte budista tibetano que acogió el museo y especialmente con la visita de una personalidad que aún hoy es recordada por todos con cariño, el Dalai Lama. El acto de conmemoración ha contado en esta ocasión con la presencia del monje tibetano Thubten Wangchen.