La escalofriante historia de Miguel Ángel, el niño maltratado por su madre que quedó en estado vegetativo

Una mujer fue condenada en 2011 a 12 años de cárcel por la brutal agresión en Llucmajor. El padre fue absuelto

Nieves Rapp, durante el juicio contra ella en la Audiencia de Palma.

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Miguel Ángel fue adoptado en Rumanía por una pareja de Tolleric (Llucmajor). En el verano de 2006, cuando el pequeño tenía seis años, quedó en coma y después en estado vegetativo a consecuencia de la paliza que le propinó Nieves Rapp, su madre. La mujer y el padre fueron detenidos y la Fiscalía pidió penas muy elevadas para ellos, por el calvario que había padecido el menor. Al final, sólo la progenitora fue hallada culpable. Esta es la crónica de un escalofriante maltrato que conmocionó a Mallorca hace ahora casi 19 años.

El Tribunal consideró probado que el seis de junio de 2006 Miguel Ángel estaba a solas con su madre adoptiva. Como el niño no hizo los deberes, Nieves Rapp le mandó al cuarto de baño. Más tarde comenzó a preguntar al menor por qué no había hecho sus tareas. El niño no contestó y la acusada le amenazó con darle un empujón si seguía en silencio. Asustado, Miguel Ángel no dijo nada. Nieves Rapp comenzó a empujarle, una y otra vez. Según confesó ella misma a la policía, oía como el menor se golpeaba con los muebles del cuarto de baño. Sólo paró cuando el niño quedó en el suelo inconsciente.

Además de los doce años de cárcel que le cayeron, la mujer no pudo acercarse a su hijo adoptivo durante los siguientes 18 años y tuvo que pagar una responsabilidad civil de 1,5 millones de euros, dado el alto coste de todos los cuidados que requiere el menor. Desde que ocurrieron los hechos, Miguel Àngel está en estado vegetativo.

En el juicio, la acusada reconoció que dio un único empujón al niño. Sin embargo, al ser detenida había confesado que perdió el control y que dio múltiples empujones al menor. Sus versiones, pues, no cuadraban. La Audiencia consideró que «resulta evidente» que los hechos ocurrieron en la versión más violenta que dio la acusada a la policía. Todos los médicos que testificaron en el juicio coincidieron en que el niño recibió más de un golpe en la cabeza, por lo que se descartó un único empujón.

La defensa de Nieves Rapp planteó hasta cuatro posibles atenuantes en el juicio y también esgrimió la posibilidad de que la acusada causara las lesiones por una imprudencia. El Tribunal rechazó todas estas posibilidades.

A pesar de que la sentencia reconoció que «parece razonable pensar que no debía ser la primera vez que ocurrían desenlaces similares», no consideró probado que existieran malos tratos habituales de la madre al menor. El menor había sido atendido en múltiples ocasiones en urgencias. Sin embargo, al investigar esas supuestas agresiones, la Sala encontró que no existían pruebas para condenar a la acusada porque no se podía determinar qué incidentes fueron provocados por Nieves Rapp y cuáles no.

A lo largo del juicio declararon varios profesores del niño y todos ellos señalaron que si se hubiera producido una situación de maltrato hubiera sido detectada. Buena parte de la acusación hacia el marido venía por este lado. Según la Fiscalía conocía que habían tenido lugar esas agresiones previas y que no hizo nada para evitarlas. Como no hubo agresiones previas probadas, el acusado -defendido por el letrado Juan Carlos Peiró- no podía prever de ninguna manera que el niño estuviera en peligro. El padre se ocupa del cuidado del niño desde poco después de los hechos.

En la urbanización de Tolleric todavía los vecinos recuerdan como si fuera hoy aquel verano de 2006, cuando el pequeño Miguel Ángel salió de casa en estado comatoso y nunca se recuperó del estado vegetativo. El matrimonio, poco después de los hechos, se divorció.