Ángel Ruiz posa para este periódico minutos antes de la entrevista. | J.P.M.

TW
15

Ángel Ruiz (Madrid, 1983) dirige desde hace cuatro años el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional. En las última semanas ha estado en el foco mediático por la resolución del caso del turista que apareció muerto en la autopista de Llucmajor en verano de 2022 y que resultó ser un crimen.

La Policía Nacional en Balears ha resulto con éxito el 100 % de los homicidios o asesinatos que ha investigado.

—Estamos muy contentos por ello. El éxito viene dado por la capacidad de la gente que conforma el Grupo de Homicidios, tanto ahora como años atrás, y también de las personas que han dirigido a los distintos equipos.

Uno de los casos que más trabajo les ha dado en los últimos tiempos es el crimen de la autopista de Llucmajor.

—Es poco común que haya atropellos en esa zona. Cierto es que en aquellas fechas había mucho turismo no muy lejos del punto del suceso, pero es verdad que el caso nació siendo un accidente y a las pocas horas se detectó que había indicios de participación de terceras personas. La Guardia Civil de Tráfico inició las pesquisas y poco después las asumimos nosotros.

¿Cuándo se dieron cuenta que había sido un asesinato?

—Un testigo vio una furgoneta blanca en aquel punto y a la hora en cuestión. Este hombre insistió mucho en aquello. Hicimos gestiones y vimos que era imposible que el fallecido estuviese donde se le vio por última vez y poco después donde apareció el cuerpo. No tenía coche y entonces empezamos a mirar más cosas.

Muchas y muchas horas de trabajo, ¿no?

—Es que partíamos casi desde cero. Teníamos una descripción de una furgoneta muy común, de las que hay mil. Cuando conseguimos marca y modelo hicimos cotejo con las más de 95.000 que hay en toda España y fuimos filtrando para tener un objetivo concreto, con el que finalmente dimos.

¿Qué es lo peor de tener que estar en continuo contacto con una familia que ha perdido a un joven de 21 años?

Noticias relacionadas

—Ellos también son víctimas. Tratamos que en todo momento estén bien informadas de lo que estamos haciendo, pero no tenía que trascender aspectos de la investigación. Nos interesaba que la gente siguiera pensando que todo fue un accidente, pero ellos sabían de primera mano que no era así. Formó parte de nuestro trabajo que ellos no contaran a nadie lo que estábamos investigando. Me pongo en su piel y tuvo que ser durísimo para ellos no explicarles a nadie durante tantos meses que a su hijo lo habían matado y no había muerto por un terrible accidente.

¿Recuerda cuándo les notificó la resolución del caso?

—No hay nada más satisfactorio que comunicar algo así a una familia. Nosotros nos alegramos mucho, pero aún más cuando trabajamos con personas que han sufrido tanto. Pocas cosas nos llenan más profesionalmente hablando. Esto es lo que nos llevamos de los casos de este tipo.

¿Creyeron los arrestados que estaban ante un crimen perfecto?

—Hay que partir de la base que el crimen perfecto es casi imposible cometerlo, pero creo que en el fondo ambos sabían que iban a caer tarde o temprano.

Hablando del crimen perfecto, ¿cree usted que existe?

—Por mi experiencia diría que es posible que exista, pero, evidentemente no desvelaré la más mínima pista de lo que pienso.

Otro de los crímenes resueltos con éxito en los últimos tiempos es el de es Carnatge, que también parecía un accidente...

—Es otros de los grandes retos que hemos tenido estos últimos cuatro años, los que llevo como jefe del Grupo. El caso nos entró como un incendio accidental de una persona que vivía en una chabola. Siempre dejamos todas las hipótesis abiertas, pero esta vez a los días nos llegó el informe de la autopsia y ya vimos que la víctima tenía golpes en el cuerpo.

Si echa la vista atrás, en estos cuatro años, ¿cuál ha sido su mayor reto?

—Sin duda el del turista alemán. No había ninguna relación entre la víctima y los presuntos autores y eso dificulta mucho la investigación. En el caso de es Carnatge teníamos indicios que fallecido y autor se conocían y esto reduce mucho el número de sospechosos. Si no podemos acotar los posibles autores estamos perdidos.