Los investigadores de la Policía Nacional en la finca Ses Covetes, a las afueras de Manacor, donde ocurrieron los hechos.

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Hace ahora 18 años, un conocido de la Policía Nacional y la Guardia Civil -'Julito' Camacho Novo, de 30 años- acudió a una cita en una finca de las afueras de Manacor sin saber que era una emboscada mortal. Esta es la crónica de un engaño y asesinato a sangre fría que se saldó con la condena de los dos implicados, unos vecinos de 'Julito' que, según sus palabras, "sólo" querían darle un escarmiento.

El 15 de octubre de 2005, un payés que pasaba por la finca Ses Covetes, a las afueras de Manacor, detrás de sa Torre dels Enegistes, reparó en un cuerpo sin vida, que presentaba al menos dos impactos de escopeta de caza. La Comisaría de aquella ciudad se hizo cargo de la investigación y enseguida pudo ser identificada la víctima. Se trataba de 'Julito' Camacho Novo, un delincuente común con numerosos antecedentes por robos y otros delitos. Vivía en una caseta próxima y desde el principio las pesquisas del Grupo de Homicidios avanzaron a buen ritmo. Los dos sospechosos -Pedro Rosselló Rigo y Francisco Javier Piña Lliteras- pusieron las cosas relativamente fáciles. Merodearon, nerviosos, la finca donde apareció el hallazgo y cuando fueron detenidos lo confesaron todo. Incluso dónde habían escondido el arma del crimen.

Uno de los detenidos, en los juzgados de Manacor custodiado por policías.

La pareja estaba enemistada con su vecino, al que acusaban de haber robado en su casa. También había un trasfondo de resentimiento por unas deudas. Semanas antes, habían comprado una escopeta y le habían serrado los cañones. El día del crimen, al mediodía, quedaron con 'Julito' en Ses Covetes. Querían darle un escarmiento, "dejarle inválido", confesaron los criminales. Pero se les fue la mano. O en realidad desde el principio tramaron un plan para quitar de en medio al vecino conflictivo. Le hicieron creer que iban a cerrar un trato y Francisco Javier lo acompañó hasta el lugar del encuentro.

Lo que no sabía 'Julito' es que Pedro estaba agazapado, escondido, esperando que llegara. Todo ocurrió muy rápido: Pedro apareció de la nada y le disparó. Según su relato, el otro se le tiró encima y tuvo que defenderse. La policía, en cambio, cree que lo mató a quemarropa. El primer tiro, mortal de necesidad, le alcanzó de lleno en el pecho, pero Julio Camacho aún tuvo tiempo de girarse e intentar huir. Fue entonces cuando un segundo disparo, por la espalda, lo propulsó contra el suelo, donde quedó inerte, en medio de un gran charco de sangre.

Los dos acusados por el crimen en la Audiencia, donde fueron condenados.

Desde el 18 de octubre de 2005, cuando ingresaron en prisión, estuvieron pendientes de juicio. Sus abogados defensores -los dos primeras espadas de la época: Eduardo Valdivia y Gaspar Oliver-, pidieron que se tuviera en cuenta el atenuante de confesión, el bajo nivel intelectual y el consumo de sustancias estupefacientes. Dos años después, en septiembre de 2007, un jurado popular juzgó a Pedro y Francisco Javier, en la Audiencia de Palma y ante una gran expectación mediática. El juez era Miquel Arbona, actualmente abogado, y la fiscal Alejandro Elorza, que pidió 22 años de cárcel para cada uno de los acusados, por los delitos de asesinato y tenencia ilícita de armas. El letrado Fernando Mateas, que representaba a la acusación particular, solicitó 46 años de prisión para los dos.

Durante el juicio, la pareja sostuvo que su intención nunca fue matar a 'Julito', sino darle un escarmiento, aunque las cosas se torcieron cuando el joven descubrió la emboscada y se lanzó a por Pedro, que sostenía la escopeta con los cañones modificados para hacer un daño mayor. El primer disparo, según esta tesis, fue de defensa y el segundo "fruto del nerviosismo". En realidad, los miembros del jurado nunca creyeron esta versión y alcanzaron un contundente veredicto de culpabilidad para ambos, que después el juez transformó en una condena de 18,5 años para Pedro y Francisco Javier. Los dos asesinos, cuando escucharon el veredicto, reaccionaron serenos, con una pasmosa tranquilidad. Como si la cosa no fuera con ellos.