Rafel Amengual, este jueves en la puerta de ‘Ultima Hora’. | Ultima Hora

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Rafael Amengual Henry es un policía local de Palma jubilado por incapacidad total tras haber sufrido un accidente de tráfico en acto de servicio. En el siniestro, el agente permaneció varios días en la UCI y sufrió secuelas de por vida. Entre ellas, perdió la audición de sus dos oídos. Desde aquel día, Amengual fue retirado del servicio activo y se le concedió una incapacidad total. Ahora, ocho años más tarde y tras una auténtica odisea de denuncias y recursos, la Justicia ha fallado a su favor. En esta ocasión, los magistrados le han concedido una indemnización de 50.000 euros. «Puede parecer mucho dinero, pero lo digo con total sinceridad, me gustaría cambiar los 50.000 euros por dos oídos sanos. La gente no se puede imaginar lo supone no poder escuchar y tener que depender de los implantes», comenta el policía.

«Me gustaría agradecer a mi abogada Maria Canudas el trabajo realizado y el apoyo que he recibido por su parte. Ha sido una lucha constante. El accidente se produjo en marzo de 2014 y, un año más tarde, la mutua me quiso dar de alta sin secuelas. ¿Os imagináis un policía patrullando sordo?», señala el afectado.

El siniestro se produjo en las instalaciones de Mercapalma. «Recuerdo que el gerente, sobre las cinco de la madrugada, me solicitó que inspeccionara una zona donde los gitanos de Son Banya solían romper la rejilla y se llevaban género. Cogí la moto oficial y al acceder a una zona hormigonada (era todavía de noche), una tapa de alcantarilla había cedido. Tuve la mala suerte de introducir la rueda delantera del vehículo oficial y salí disparado. Quedé inconsciente y desperté en el hospital», relata Amengual, visiblemente emocionado.

A partir de ese momento, su vida se convirtió en una pesadilla. Perdió la audición de un oído y, poco después, del segundo. En 2017, ganó una sentencia donde el juez le concedía su readmisión en un puesto adaptado, pero el Ajuntament se negó y decidió jubilarlo. Es decir, le concedieron la incapacidad total y lo enviaron a su casa.

«El 12 de enero de 2015 fui detenido delante de mi esposa e hijo de 13 años en el marco del conocido ‘caso Cursach’. Me imputaban una ristra de seis graves delitos que jamás he cometido y me trataron como a un delincuente. Desde que me detuvieron, mi vida ha sido una pesadilla. Lo he perdido todo. Al final, el tiempo pone a todo el mundo en su sitio», concluye.