Juicio celebrado en la Audiencia contra Bartolomé Clar, por el asesinato de Ana Belén en el cementerio de Palma. | FERRAN CARBONELL

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Él, uno de los mayores psicópatas de Mallorca, había asesinado a su suegra y a su cuñado en Palma. Ella, de 18 años, había matado a su padre en Calvià. Se enamoraron en la cárcel y el 20 de diciembre de 1996 obtuvieron su primer permiso carcelario juntos. Sólo regresó Bartolomé Clar. Ana Belén Gil fue hallada en el cementerio cosida a puñaladas y con el rostro aplastado por una lápida. Se cumplen 25 años del asesinato que conmocionó a la Isla: el crimen del cementerio.

Clar, por entonces, tenía 27 años y una fama presidiaria de novio muy celoso. Ana Belén, de hecho, quería dejarlo por ese motivo. Cuando salieron de prisión, con un permiso navideño de dos días, deambularon por distintos parajes de Palma y el día 22 fueron al camposanto. Visitaron la tumba del padre de ella y después la de los abuelos de él. Clar, entonces, sufrió uno de sus habituales ataques de furia. Iba armado y atacó por la espalda a su novia, posiblemente porque sabía que ella quería romper la relación. Ana Belén se resistió. Él le fue asestando cuchilladas hasta sumar una treintena y después la arrastró por los pies. La llevó, todavía viva, a un pasillo de nichos, oscuro y poco transitado.

Allí le aplastó la cara con una lápida y huyó. El crimen conmocionó a toda Mallorca. La tarde que se descubrió el cadáver fue especialmente trágica en Palma: un elevador de una finca en construcción cayó y murieron tres operarios. La búsqueda de Clar se convirtió durante cuatro días en una prioridad para las fuerzas de seguridad.

En la noche del 26, tras entregarse a un cura, se presentó en la Comandancia de la Guardia Civil y confesó. Narcisista enfermizo, había disfrutado de ser el centro de atención de todos durante su fuga. Aunque durará solo unos días. Tres años después fue condenado a 23 años de cárcel, una pena que no debió impresionarle mucho ya que sumaba otros 59 años por los crímenes anteriores de su suegra y de su cuñado, en 1989. Hace algo más de un año todavía intentó obtener un permiso carcelario, pero la Audiencia de Palma se lo denegó. Nadie cree que Clar, uno de los peores psicópatas que se recuerdan, esté rehabilitado. Ni que lo esté ya nunca.