Operación a cargo del Grupo II de Estupefacientes del CNP. | A. Sepúlveda

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Los grupos de Estupefacientes del Cuerpo Nacional de Policía han enviado un mensaje alto y claro a los narcotraficantes de Son Gotleu. La ofensiva policial contra la venta y tráfico de droga en la barriada es un hecho.

Tras la primera fase de explotación de la ‘operación Krepis’ contra las mafias nigerianas que vendían heroína en plena calle, el juez de guardia ordenó el ingreso en prisión de los tres cabecillas de la organización criminal. Tras reunirse con representantes de los vecinos, comunidad educativa y empresarial de la zona, la Policía Nacional les anunció una gran ofensiva policial contra el tráfico, compra, venta y distribución de sustancias estupefacientes en la barriada. A partir de ahora, los grupos especializados han puesto en marcha un importante despliegue de equipos técnicos y humanos para combatir a los narcotraficantes que operan en la zona. Clanes africanos, marroquíes y gitanos están siendo vigilados las 24 horas del día y se anuncian nuevas operaciones en breve.

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La preocupación policial y social ante el importante aumento de consumidores de heroína en las calles de Palma había crecido en las últimas semanas. El último zarpazo contra la venta y distribución de ‘caballo’ en vía pública perpetrado por el Grupo II de Estupefacientes de la Policía Nacional ha puesto al descubierto la dura realidad de la proliferación de una de las drogas más duras que hay en el mercado. A pesar de la contundencia de jueces, fiscales y policías, la heroína lleva unos cinco años ganando posiciones en la sociedad balear. «No podemos decir que la heroína esté tan extendida como la marihuana o la cocaína, pero es cierto que hemos detectado un aumento considerable», señala Faustino Nogales, inspector, jefe del Grupo II de Estupefacientes y uno de los mayores conocedores del tema. Una de las novedades de la manera de consumir la heroína es que en los años 80 o 90 se fumaba a través de los conocidos popularmente como ‘chinos’. Ahora, esta droga se inyecta en vena a través de jeringuilla.

«Antes el perfil eran los conocidos como yonquis o toxicómanos de clase baja y apartados de la sociedad. En esta ocasión, también existen personas de clase media y gran adicción a este tipo de sustancia estupefaciente», concluye.

La droga llega procedente de los países de origen (Pakistán, Afganistán o Turquía) y una vez entra en España, a través de mulas o ‘pitufos’, llegan a Barcelona. Finalmente, se introduce en la Isla, donde su distribución mayoritariamente se produce en Son Banya y en Son Gotleu.