El acusado, Juan Prats, de origen cubano, a su llegada al juzgado de guardia de Vía Alemania. | A. Sepúlveda

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La mañana del 11 de septiembre de 2019, Juan Prats se presentó en la vivienda de su exmujer en la calle Escorial de Campos. Estuvieron conversando. Él, dos meses después de haber puesto punto y final a la relación, todavía no había aceptado la ruptura. Cuando se marchaba en dirección a la puerta para abandonar el piso, de manera inesperada comenzó a propinar puñetazos a Benita, su expareja. La fémina cayó al suelo y una vez ahí la golpeó repetidamente con dos martillos, uno de goma y otro metálico. La dejó agonizando en el suelo. La mujer salvó la vida de milagro y en la actualidad padece un sinfín de secuelas, tanto físicas como psicológicas.

El acusado, que se encuentra en prisión desde el mismo día de los hechos, ya conoce qué pide la Fiscalía para él: 15 años de privación de libertad. Le considera autor de un delito de un delito de asesinato en grado de tentativa. Asimismo tendrá que indemnizar a la víctima en 169.000 euros.

El ministerio público relata en su escrito de acusación que el imputado, de 51 años de edad y nacido en Cuba, atacó a su exmujer de forma sorpresiva «con intención de quitarle la vida». Primero con un martillo de goma, con el que la golpeó en la cabeza, y más tarde agarró uno de metal y continuó dándole en la testa.

La mujer, que trabajaba en un horno en sa Ràpita y era muy conocida en la zona, sufrió a consecuencia de los golpes, entre otras muchas heridas, un traumatismo craneoencefálico severo y una fractura craneal con hundimiento óseo y pérdida de masa encefálica. Estuvo dos meses ingresada en la UCI de Son Espases. Recibió el alta hospitalaria en marzo de 2020, medio año después de la brutal agresión.

«He pegado a mi mujer, llamad a una ambulancia que está muy mal»

El agresor minutos después del terrible suceso se presentó en las dependencias de la Policía Local de Campos y confesó que había golpeado a su expareja. «He pegado a mi mujer, llamad a una ambulancia porque está muy mal». El hombre la daba por muerta. Los facultativos que acudieron al piso estuvieron cuatro horas para estabilizar a la víctima. La brutal agresión machista quedó grabada en una de las cámaras que el hombre había instalado años atrás cuando compartía vivienda con Benita y los hijos de ambos.