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Era discreta y tímida, sobre todo últimamente. Apenas salía de su casa y cuando lo hacía era para llevar al colegio a Mohamed, su hijo, o para hacer la compra en el mismo supermercado. Warda Ouchene, de 28 años, nació en Nador (Marruecos) y hace una década llegó a sa Pobla. Ali Khouch, de 35, era su primo y se convirtió también en su marido. La relación entre ellos siempre fue complicada porque el varón tenía muy mal carácter y, al parecer, ciertas adicciones a las drogas. Era el preludio del trágico final de Warda y Mohamed.

Él montó una pequeña empresa de albañilería en la Isla y ella crió al pequeño. En 2012 llegaron las primeras denuncias de malos tratos, cuando llevaban solo dos años casados. Cuentan, los allegados, que Warda siempre acababa perdonando a su marido.

En 2018 a ella se le acabó la orden de protección que las autoridades mallorquinas le habían brindado, pero los malos tratos domésticos continuaron. En Navidad la situación se hizo insostenible y Ali, que vivía a caballo entre Palma y sa Pobla, se marchó de casa. Pero duró poco. La familia del albañil le convenció de que su lugar estaba en España, más concretamente en Mallorca, junto a su mujer y su hijo.

En enero, el magrebí volvió a casa. Poco después, Warda quedó de nuevo embarazada. Pero Alí continuó martirizándola. La mujer estaba muy ilusionada con su próxima maternidad para después del verano, y a sus amigas y familiares les hablaba de los planes que tenía para sus pequeños. De él apenas hablaba: le tenía pánico.

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