El equipo y el dron. Los tres miembros de equipol Pegaso de la Guardia Civil aparecen junto a un instructor de una escuela de formación de vuelo de Mallorca y, en primer plano, un dron . | Alejandro Sepúlveda

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Son los controladores aéreos de la Guardia Civil. La policía del aire. Y uno de sus cometidos es rastrear y localizar los numerosos drones sin licencia que sobrevuelan el espacio aéreo mallorquín. El equipo Pegaso, en sus funciones de seguridad ciudadana, lleva también un exhaustivo control de los alumnos de las diferentes escuelas de drones o de ultraligeros de la Isla.

La unidad, en Mallorca, está formada por tres guardias civiles, al frente de los cuales se encuentra Inma Abad, una profesional con una larga experiencia en el sector. La base de operaciones está ubicada en el aeropuerto de Son Sant Joan y el equipo se creó en junio de 2019. Depende del Grupo Fiscal y de Fronteras.

«Somos las patrullas de Tráfico, pero del aire», resume la responsable del equipo. Los medios técnicos de esta unidad son de última generación y la Benemérita cuenta con un maletín que es capaz de detectar vuelos ilegales en un radio de 60 kilómetros a la redonda. Tanto el aparato como el emisor, es decir, el operador.

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Los drones de escuelas de aviación son también vigilados.

Vigilancia aeropuerto

Uno de los objetivos prioritarios del destacamento es la vigilancia del espacio aéreo de Son Sant Joan. En un radio de 8 kilómetros nada puede volar en la zona CTR sin los permisos autorizados por Enaire (Gestor de navegación aérea de España). La «zona CTR» es un área segura que garantiza el correcto funcionamiento del aeropuerto. «Hay muchos jóvenes que no lo saben y en ocasiones sacan a volar sus drones en esa zona de exclusión. Nosotros no siempre los sancionamos. Si se trata de una pequeña negligencia, les informamos de las consecuencias que podrían haber tenido», relata Inma.

Hace unos meses, en Campos, un dron colisionó con una avioneta y le causó algunos desperfectos en un ala. El caso fue investigado por Pegaso. También la unidad entró en alerta cuando un ultraligero procedente de Cerdeña se dirigió a Son Sant Joan pensando que iba a tomar tierra en el aeródromo de Son Bonet, en Marratxí. Se trataba de un matrimonio que se despistó, pero que puso en grave peligro la seguridad aérea. Los ocupantes del aparato fueron identificados y sancionados.

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Los tres integrantes del equipo policial en las instalaciones de Binissalem, durante una inspección.

La colaboración ciudadana, en muchas casos, es clave para detectar drones clandestinos en el cielo mallorquín. Algunos vecinos llaman cuando ven a un pequeño artilugio volador sobre sus fincas y Pegaso acaba rastreando el vuelo y llegando al operador. También se han dado casos de pervertidos que utilizan la cámara de los drones para volar a baja altura en algunas calas o playas y fotografiar a mujeres que toman el sol en top less. De hecho, el dueño de uno de estos aparatos fue multado por colocarlo sobre un barco donde había un grupo de chicas tomando el sol en cubierta. Las jóvenes, alertadas por el ruido, detectaron al intruso y llamaron a la Guardia Civil.

Pegaso, cuyas siglas significan Policía Especialista en Gestión Aeronáutica y Seguridad Operacional, también es el encargado de controlar los aeródromos privados de Mallorca, en Petra, Binissalem, Ses Salines y Felanitx.

Pandemia

En estos tiempos de pandemia, la unidad se ha actualizado y también ha denunciado infracciones a las restricciones, como por ejemplo cuando viajan en una avioneta más pasajeros de los permitidos o personas que no son del mismo núcleo familiar. La colaboración con la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), que depende de Fomento, es muy estrecha y ambos organismo se complementan para garantizar la seguridad aérea. Desde este mismo año, la normativa referente a los drones ha cambiado. Ahora, todos los aparatos que estén dotados de una cámara para grabar deben ser registrados en las oficinas de AESA, para tener un control de su número y de las zonas por las que operan.

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La unidad Pegaso en el aeródromo de Binissalem, esta semana.

La venta de drones se ha disparado en los últimos años en Mallorca y se pueden adquirir en internet desde 25 euros (los más económicos y que no tienen cámara) a varios miles de euros, los más modernos y con una mayor autonomía. «Son fáciles de comprar, pero hemos de concienciar a la población de que no son un juguete. Están de moda, pero no son coches teledirigidos. Una vez que están en el aire pueden llegar a comprometer la seguridad aérea», cuenta la jefa del equipo. Otro incidente investigado ocurrió en una playa de Muro, cuando los bañistas se alarmaron por el vuelo muy bajo de una avioneta. Los agentes descubrieron que se trataba de un ejercicio de instrucción, en el que el piloto pierde motor y tiene que recuperar. Casi un picado. La escuela fue sancionada por esa arriesgada maniobra. Por último, Pegaso controla a los alumnos que quieren llegar a ser pilotos. El objetivo es descartar que en un momento dado puedan hacer un uso inadecuado del aparato.