La mujer en el juicio celebrado en una sala del juzgado de lo Penal 1 de Palma. | Guillermo Esteban

Se hace llamar Linda. Un adolescente acudía casi a diario con su anciano padre, a finales de 2017, al bar que regentaba una mujer transexual en Palma. «Me hacía preguntas muy extrañas. Que si tenía pelos en la polla, si había mantenido relaciones sexuales con una mujer, si me apetecía tener sexo...», recordaba el joven, este viernes en el juicio, por videoconferencia desde la prisión de Palma.

Al chico, que ya es mayor de edad, le costaba explicarlo. «A veces me regalaba relojes y bufandas y yo me extrañaba». Un día, llegó un camión con refrescos al bar y la mujer le pidió ayuda. «Me dio una Coca-Cola y me dijo que fuera al almacén. Yo no tenía opción de decir que no por miedo. Era un crío, ¿sabes?», comentaba.

«Estaba asustado y me sentí obligado a mantener relaciones sexuales. Me la empezó a chupar y luego se la tuve que meter. Salí asustado porque me di cuenta de que era un hombre. A veces, me daba dos o tres eurillos y no sabía a qué venía eso». El perjudicado, que tiene una discapacidad del 33 %, no dijo nada a su padre de lo sucedido. Solo le comentó que no le gustaba ese bar, pero volvió. «Una vez me ofreció viagra y le dije que no quería tomar cosas raras». Hubo, al menos, tres encuentros sexuales. «Mi vida cambió a raíz de eso».

-¿Sintió asco?, preguntó la fiscal.

-Claro que sentí asco. Y me arrepiento de no habérselo dicho a mi padre. La gente se empezó a reír de mí en la Soledat diciendo que me había follado a un hombre.

El chico le contó a un amigo que había tenido sexo con una mujer transexual. «En ningún momento la quise denunciar, yo solo quería olvidarlo».

El amigo del joven, que este viernes declaró como testigo, contó que su colega le comentó que había un bar en Palma en el que podía mantener relaciones sexuales sin pagar. «Follé gratis y me dieron dinero. La mujer no me ofreció nada antes, me lo dio después».

La acusada solo respondió a las preguntas de su abogado, Julio Romero. Confirmó que regenta un bar de plaza de las Columnas y que nunca preguntó la edad al adolescente.

La fiscal reclama una condena de dos años y medio de cárcel por corrupción de menores. La defensa solicitó su absolución porque «el tipo de delito por el que la acusan requiere que le ofrezca algo a cambio de tener sexo». El letrado incidió en la incoherencia y las contradicciones en las declaraciones de la víctima y el testigo.

La acusada ya fue absuelta por un caso idéntico

La mujer fue absuelta a finales de 2019 por un caso idéntico con un amigo del perjudicado. La jueza indicó en la sentencia que la cantidad económica que la acusada dio al adolescente no se había pactado antes del encuentro sexual en el bar de Palma que regentaba. La magistrada remarcó que el testigo no pudo acreditar haber visto una entrega de dinero antes de las relaciones.