Richard P. H. Depret, durante el juicio. | Alejandro Sepúlveda

Es difícil imaginar qué le pudo pasar por la cabeza a Richard P. H. Depret, un joven francés de 24 años de edad y con una amplia hoja delictiva iniciada a muy temprana edad, entre el 15 y el 17 de octubre de 2017. En apenas 48 horas pasó de robar un televisor en una vivienda de Capità Vila, en el barrio palmesano de Pere Garau, a regresar horas después para violar a la propietaria del inmueble, intentar asesinarla y prenderle fuego al piso con ella dentro.

Este lunes, en la Audiencia de Palma, el acusado, que se encuentra en prisión desde hace casi tres años, tuvo que rememorar lo ocurrido. Admitió ser el responsable de todo lo que la Fiscalía le acusaba y por lo que le pedía 72 años de prisión. Finalmente, y tras un acuerdo de conformidad, la condena quedó fijada en 40 años de cárcel. El joven, asistido por Miguel Ángel Villalonga, cumplirá 25 como máximo.

Todo se inició con un robo

Los hechos se remontan al 15 de octubre. El joven se fugó del centro de menores Es Pinaret, subió hasta la azotea del domicilio de la mujer y robó una televisión LG que poco después vendió a otro chico. Dos días más tarde regresó a la vivienda con intención de volver a robar. El acusado llevaba un cuchillo de cocina y sorprendió a la propietaria del piso durmiendo. Le pidió la tarjeta de crédito y dinero e iniciaron un forcejeo hasta que ella desistió por la presión que el joven ejercía en su cuello con el arma. Richard obligó a la víctima a que le hiciera una felación y luego le pidió que se desnudara para violarla. A continuación, le ató las manos con el cable de un cargador y los pies con un pañuelo y le reclamó el pin de la tarjeta de crédito que le arrebató. El agresor le dijo que si no le daba el número correcto volvería para matarla. Una vez inmovilizada, la arrastró hasta el vestidor y le obligó a tomar cinco pastillas de diazepam, la llevó al salón y la forzó en el sofá. El acusado le dio cinco comprimidos más con la intención de sedarla. Acto seguido, prendió fuego en distintos puntos de la casa con la moradora atada e inconsciente en el interior.

Auxilio

El joven huyó de la vivienda, acudió a un cajero con la tarjeta de la víctima y sacó 600 euros. Las cámaras de la entidad grabaron la acción. El olor a humo y la falta de aire despertaron a la mujer, que consiguió desatarse los pies y comprobó que todas las puertas y ventanas estaban cerradas. La víctima no pudo abrirlas porque tenía las manos atadas y rompió el cristal de una ventana con la cabeza para pedir auxilio. Un vecino acudió al domicilio alertado por los gritos y abrió la puerta del piso de un golpe.

La mujer sufrió numerosas heridas y abrasiones por todo el cuerpo a consecuencia de la agresión. Estuvo en tratamiento médico y en seguimiento psiquiátrico durante más de un año y medio.