Un grupo de varones son cacheados por la Policía para comprobar qué llevan encima. | ALEJANDRO SEPULVEDA

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Con Son Banya noqueada, el ‘eje del mal’, desde el punto de vista del narcotráfico, lo conforman Son Gotleu, La Soledat y Corea. En esta primera barriada, la Policía Nacional ha extremado la vigilancia para evitar que se convierta en una ‘ciudad sin ley’ y que los vecinos se salten el confinamiento del Gobierno. La presión policial busca, también, controlar que la venta de estupefacientes no se desmadre.

Ultima Hora se ha empotrado en un macro control realizado por la Jefatura palmesana, que comienza con un despliegue espectacular en la rotonda de lo que antes era la Plaza teniente coronel Franco. Efectivos del GOR (Grupo Operativo de Respuesta), motoristas del 091 y policías de paisano van ampliando, poco a poco, el perímetro. Porque saben que en Son Gotleu el boca a boca corre como la pólvora y algunos clanes se avisan entre ellos de la llegada de «los maderos».

Pese a todo, entre Santa Florentina y Tomás Rullán son interceptados numerosos peatones. Una pareja sudamericana camina junta, por la calle, pero al ver a los agentes se separan, torpemente. «¿Se conocen?», les preguntan los policías. «¿Nosotros? de nada», replica el varón, mirando a la mujer. Uno de los funcionarios, que las ha visto de todos los colores, asiente y le pide los papeles. A ambos. En sus documentos consta que viven en el mismo piso. Multazo.

Otros vecinos son cacheados e identificados en Orson Welles. Algunos son sancionados, porque están en la calle sin justificación. Mientras tanto, un activista anti desahucios grita desde el balcón de su segundo piso: «Queremos ayudas y trabajar, no policías. Aquí pasamos hambre, no tenemos qué comer». En ese momento pasa un hombre de color en bici, que es interceptado y también les intenta colar su excusa. Cada loco con su tema.