Guenadios Petrov fue detenido en junio de 2008 por la Guardia Civil en su grandiosa mansión de Sol de Mallorca, en Calvià. | Julio Bastida

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La ‘operación Troika’, encabezada por el entonces juez Baltasar Garzón, contra el asentamiento de la mafia rusa en Mallorca acaba en absoluciones. Más de diez años después de que un espectacular operativo detuviera en Calvià al magnate Guenadios Petrov, la Audiencia Nacional ha absuelto a los 17 acusados que comparecieron en el juicio. El supuesto capo lleva más de cuatro años fugado y refugiado en Rusia y, por tanto no ha sido juzgado. Sin embargo, los razonamientos de la sentencia también le absolverían.

La Fiscalía mantenía cargos por organización criminal y blanqueo de capitales por las actividades llevadas a cabo durante más de diez años llevaron a cabo varios conglomerados de empresas. La sospecha es que los fondos que financiaron operaciones inmobiliarias en la Costa del Sol y en Mallorca venían de organizaciones mafiosas de San Petersburgo: la Tambovskaya y la Malyshevkaya.

Los cargos se asentaban en varios informes policiales. Sin embargo, a juicio del tribunal no son suficiente prueba para demostrar que ese dinero venía de delitos. La razón es que en Rusia, ningún procedimiento judicial en torno a Petrov y al resto de acusados ha terminado en condena. Todos los procesos, entre ellos tres investigaciones por homicidio en torno a las mafias de San Petersburgo fueron archivados por falta de pruebas. En otra causa de 2009, Petrov fue llamado sólo como testigo y nunca imputado.

Ante esa falta de condenas se llega a la absolución: «Por muy raras, antieconómicas o poco convencionales que sean las operaciones comerciales o mercantiles en que intervinieron los encausados, si no se prueba la procedencia de una actividad delictiva de los bienes, no hay blanqueo de capitales».

Todas las condenas a los investigados en Rusia son de hace décadas o por estafas pequeñas que no justificarían las cantidades millonarias que invertían en España. Así los jueces señalan que se trata de operaciones económicas desconectadas entre sí, «lo único en común es que los dueños de las sociedades eran ciudadanos rusos con importantes medios económicos y que invertían en España dinero que, a veces provenía de paraísos fiscales»