El grupo Street Angels ayudando a una persona en Magaluf. | Archivo

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En Magaluf existen unos ángeles que no tienen alas. Tampoco llevan un halo flotando por encima de la cabeza. Ni saben volar. Pero tienen una cualidad mucho más importante: la bondad. Reciben el nombre de Street Angels y se dedican a ayudar, «en nombre de Dios» y de forma voluntaria, a aquellos jóvenes desorientados por el alcohol y las drogas que deambulan todas las noches por los bares de la calle Punta Ballena.

«Recibimos una llamada de Dios en la plaza de BCM. Sentimos que nuestra misión era crear una iglesia en Magaluf». Gary y Sarah, ambos de 47 años, son un matrimonio británico que decidió dejar su vida en Inglaterra en 2016 para mudarse a Mallorca y tomar el relevo de los Street Angels Spain. Esta organización trabaja por todo el Reino Unido, pero lleva funcionando en la Isla desde 2013.

Iglesia

La pareja escogió un bar en la plaza de BCM para levantar la iglesia donde Gary predica por las mañanas y los demás cantan. A partir de las dos de la madrugada es cuando aparecen los ‘ángeles de la calle’ brillando con sus chalecos reflectantes, listos para ayudar a quien lo necesite. «Nuestra verdadera labor está en la calle. Queremos que la gente perdida de Magaluf sienta a Dios y conecten con la comunidad. Nos suelen contar sus problemas, el por qué beben y se drogan. A veces nos dicen que han perdido el trabajo o que se acaban de divorciar. Les escuchamos y conectamos con ellos. Después les dejamos en el hotel y les ponemos una pulsera para que sepan cómo han vuelto a su cama», cuenta Sarah.

No cobran ni un céntimo y muchas veces vienen voluntarios del extranjero sólo para ayudar durante unos días en lugar de irse de vacaciones. «La gente nos pregunta muy sorprendidos por qué lo hacemos. No lo entienden. Les decimos que la razón es porque ellos realmente importan. Si Jesús estuviese en la Tierra estaría en Magaluf ayudando», añade el británico.

Normalmente, cada fin de semana sale una media de diez voluntarios que se separan en grupos de tres. «Muchas veces vienen prostitutas para cantar y rezar con nosotros antes de ponerse a trabajar», comenta Gary.

«Hemos estado cerca de peleas, pero nunca nos ha pasado nada. Comenzamos a rezar y nos aseguramos de que nadie salga dañado. A menudo, sólo con nuestra presencia, se dejan de pegar y todo vuelve a la normalidad. Confiamos en que Dios nos protege», asegura el británico.

Esperanza

La pareja cree en que Magaluf está mejorando. Son conscientes de todas las agresiones y accidentes que ocurren a diario, pero tienen la certeza de que ya no es lo que era.

«Sentimos que los jóvenes y los trabajadores están más hartos. No lo disfrutan tanto. Ya no les llena y cuando les socorremos se muestran muy agradecidos con nosotros. Cuando acabemos nuestra misión aquí, nos iremos a otras partes como s’Arenal», concluye Sarah.

Los empresarios de los establecimientos de la zona les muestran su apoyo ofreciéndoles café y agua porque, al final, ayudar es cosa de todos.