El acusado de disparar una escopeta en Peguera: «Estoy arrepentido, no quise matarlo»

| | Palma |

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El acusado durante el juicio.

El acusado durante el juicio.

18-04-2018Guillermo Esteban

El primer encontronazo que tuvo José R. con su vecino fue el 21 de mayo de 2017. Ocurrió en el bar de unos familiares en Péguera. El acusado, de 50 años y nacido en Jaén, trabajaba como camarero aquel día. «Vinieron tres o cuatro personas y empezaron a fumar porros en la terraza. Les dije que no podían. Uno de ellos se levantó, me agarró del cuello con fuerza y yo le golpeé con la jarra de cerveza que llevaba en la mano», explicó este miércoles el hombre ante un tribunal de la Sección Primera de la Audiencia de Palma.

El 16 de julio, el agresor y la víctima volvieron a toparse en otro bar de la localidad. El acusado dijo que la víctima le empezó a pegar con la silla. «Me la tenía jurada», aseguró. José R. llevaba una navaja de nueve centímetros de hoja en el bolsillo. La sacó «para asustarlo». «No hice ningún amago de intentar clavársela». Después de la riña se fue a su casa, «ofuscado», cogió una escopeta que había comprado en Son Banya y regresó al local al cabo de cinco minutos. «Cogí el arma simplemente para intimidarlo, para decirle que me dejara en paz, que iba en serio, pero en ningún momento quise matarlo».

Cuando llegó al bar se formó «un alboroto». «No sé quién me cogió por a espalda, la escopeta se cayó al suelo, se disparó y llegó la policía», indicó. El agresor, que lleva nueve meses en prisión preventiva, reconoció que ese día estuvo bebiendo durante toda la mañana. «Estoy muy arrepentido. Yo no tuve intención de matarlo, simplemente asustarlo».

El perjudicado declaró que en el primer episodio no agarró del cuello en ningún momento al acusado. «Estaba con unos amigos, queríamos fumar un porro y fui a pedir papel de liar en la barra. El camarero se enfadó. Cuando me di la vuelta me golpeó en la cabeza con una jarra y luego me mordió en el cuello». La agente judicial de la Sección Primera le enseñó una jarra de cerveza que aportó el abogado defensor, Miguel Ángel Cardell, en la vista oral. «No la reconozco, era más contundente. Tenía el asa más grande», indicó el afectado, que recibió 20 puntos de sutura a causa del impacto.

La segunda vez que coincidieron en un bar del bulevar de Peguera, en julio, la víctima estaba con su pareja y el perro de ambos. Vio entrar al agresor en el establecimiento y cogió una silla. «El señor sacó una navaja e hizo el amago de pincharme varias veces. Tres o cuatro, por lo menos. Yo le daba con la silla para quitarle la navaja». El procesado se marchó del lugar y volvió con una bolsa de plástico de Mercadona con una escopeta en el interior. «No vi cómo me apuntaba, pero temí por mi vida».

La mujer del perjudicado manifestó que se escondió detrás de una palmera cuando el sospechoso se presentó en el bar con una escopeta. «Mi marido cogió una mesa para protegerse. Pensábamos que iba a disparar porque estaba muy cerca pero alguien lo redujo por detrás. El arma se disparó en el forcejeo. Hubo un disparo». Los perdigones alcanzaron a tres clientas que se encontraban en la terraza del bar.

El testigo que redujo al acusado relató ante el tribunal que la escopeta se disparó durante el forcejeo, antes de caer al suelo. “Fue un disparo accidental”. “La familia del acusado cree que yo soy culpable o que he hecho cosas que no debería haber hecho”, añadió. El hombre sufrió lesiones en el forcejeo, pero renuncia a la indemnización que pudiera corresponderle. “Los familiares me han metido un poco de presión, me han dicho que tendría que haber dejado que hiciera lo que quisiera. Y no lo veo correcto. Yo me jugué la vida con lo que hice”.

Un policía local que intervino en la detención del acusado contó que recogió la escopeta del suelo. La culata estaba recortada. “El agresor dijo en dos ocasiones: ‘Ojalá hubiese matado’”. Los agentes cachearon al procesado y encontraron cuatro cartuchos del calibre 12 en un bolsillo y una navaja. “Se sintió muy frustrado por no haber conseguido su intención. Nos comentó que si no hubiéramos llegado lo mataba”, señaló otro agente. “Estaba totalmente consciente, se resistía a ser arrestado, no nos parecía que estuviera bajo la influencia de ningún tipo de sustancia”.

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Yo tambien lo haria
Hace más de 2 años

Esta claro que a ningun ser humano le debe hacer sentirse bie acabar con la vida de otro....pero.....lo que le ocurre a este pobre jubilado da muchisima pena que por defender su vida la de su mujer y sus propiedades le este enjuiciando.....PENOSO y PAYASESCO SISTEMA JUDICIAL en este Pais, es LAMENTABLE y de RISAS( las que se pegan los delincuentes sabiendo que muy poco pueden caerles). Y el otro hermano que cojones hace aqui en España aun, afuera el y toda su familia y no es racismo...es una cuestion de "civismo". y al mallorquin implicado carcel pero en badajoz o lo mas lejos posible que se quede aislado y no "comodo" aqui en la isla cumpliendo condena comoda y recibiendo visitas cono si la carcel fuera un hotel , No hay muchas vueltas que darle para solucionar esto "mano dura" y se acaban estas ratas.....sino se seguiran multiplicando por miles siempre!!

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Leonarda Gluthen
Hace más de 2 años

Perdón. En mi comentario anterior había confundido esto con el asalto de Porreres.

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Henry
Hace más de 2 años

Que listo el señor así quiere que le rebajen la sentencia oh salir sin cargo

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Leonarda Gluthen
Hace más de 2 años

No entiendo cómo puede sentirse arrepentido, después de tanta agresividad y tanto daño físico y moral recibido. Son los delincuentes quienes deberían sentirse arrepentidos, que por querer abusar, han conseguido que haya un fallecido. La avaricia rompe el saco. No tuvieron bastante con asaltarles una vez, que aún quisieron más. Pues ¡ TOMA MÁS ! ¿No queríais caldo? Pues 2 tazones.

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