Imagen de uno de los registros realizados durante la investigación. | Jaume Morey

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Fiestas privadas para ocho o diez hombres con Dom Perignon y chicas del Este. Los invitados: cargos públicos. Dos de las testigos protegidas que han declarado en la causa que investiga corrupción policial en s’Arenal relatan cómo un empresario, en libertad bajo fianza por esta causa, utilizaba alcohol y sexo para lograr favores. Entre los asistentes a estas fiestas, las testigos -prostitutas ambas que participaron en ellas- mencionan a algún alcalde de la Part Forana. No detallan su identidad: su jefe les ordenaba no preguntar a los asistentes quién eran ni a qué se dedicaban.

Una de ellas cuenta que asistió a dos de esas fiestas. La primera en una finca de Binissalem en 2008 y otra en un table dance con 12 chicas. Las prostitutas eran de confianza del empresario, siempre eslavas. La orden era portarse bien y que llegaran a establecerse lazos entre las chicas y los invitados. Los clientes llegaban de forma habitual en coches de alta gama y las testigos destacan que iban bien vestidos. Otra de las testigos aclara que a esas orgías nunca iban policías locales. Incluso detalla que algunos de los cargos públicos llevaban Viagra y sus propios juguetes sexuales.

Los policías locales sospechosos tenían un trato más constante con los clubs. Una permanente barra libre de alcohol y sexo. El empresario había dado orden de no cobrar nunca a determinados agentes de la Policía Local y a algún guardia civil que sólo consumió alcohol. El empresario también organizaba cenas que pagaba a los agentes.

A cambio de ese trato, avisaban de las inspecciones, retiraban multas de tráfico a los empleados y daban un trato de favor ante cualquier problema que se presentara.