Rafael Ricardi, en una imagen de archivo. | Efe

TW
13

Rafael Ricardi, el hombre que pasó casi trece años en prisión acusado de dos violaciones que nunca cometió y que recibió por este error judicial una indemnización de un millón de euros, ha fallecido en su casa de El Puerto de Santa María, donde hoy su cuerpo será incinerado.

La que fuera su abogada, Antonia Alba, ha confirmado que Ricardi falleció el pasado martes en su casa cuando dormía la siesta, posiblemente a consecuencia de una parada cardiaca.

Su cuerpo fue trasladado al Instituto Anatómico Forense de Cádiz, donde se le ha practicado la autopsia, tras lo que será trasladado hoy al tanatorio de El Puerto de Santa María, donde está prevista su incineración.

Rafael Ricardi recibió una indemnización de un millón de euros tras una sentencia de la Audiencia Nacional, que elevó esta partida tras un recurso de sus abogados, que consideraron insuficientes los 550.600 euros que había establecido el Ministerio de Justicia en 2010 para enmendar uno de los errores judiciales más sonados.

Con esta indemnización, Rafael Ricardi se compró una casa y un coche y reanudó su vida en El Puerto de Santa María, tras superar también un proceso judicial con el que se pretendió que fuera declarada su incapacidad para gestionar el dinero de la indemnización.

Secuelas

Su abogada ha recordado hoy que Rafael Ricardi nunca superó del todo las secuelas psicológicas de haber pasado 4.630 días por un error judicial que aún le provocaba pesadillas nocturnas.

Ricardi salió de prisión en 2008 después de que el Tribunal Supremo declarase nula la sentencia de 1996 de la Audiencia de Cádiz que le consideró autor de las violaciones sufridas por una mujer en 1995.

El acusado fue condenado en virtud del reconocimiento fotográfico y de voz realizado por la víctima y por un informe de ADN realizado en 1995 por el Instituto Nacional de Toxicología, en el que se decía que se habían encontrado alelos (forma alternativa de un gen) del semen del acusado, pero también otros que no se correspondían ni con el acusado ni con la víctima.

Informes posteriores, realizados con mayores avances tecnológicos, evidenciaron con mayor certeza que Rafael Ricardi no había cometido el delito por el que había sido condenado, tras lo que en abril del 2008 la Policía detuvo a otra persona cuyo ADN coincidía con las muestras conservadas en el Instituto de Toxicología.

Años después, cuando fue confirmada su indemnización, Rafael Ricardi explicaba que cada vez que se acordaba de aquel tiempo se «dislocaba».