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Alejandro de Abarca se enfrenta a una posible condena de 50 años de prisión por el asesinato de Ana Niculai, una de las más altas solicitadas para un acusado por un único caso en Mallorca. Las dos acusaciones particulares que representan a los familiares y a la pareja de la víctima reclaman respectivamente penas de 47 y 50 años de reclusión por delitos de asesinato, detención ilegal, robo con violencia, conducción sin carné, conducción temeraria y daños. Queda finalmente fuera una agresión sexual, después de que las muestras biológicas recogidas durante la investigación no lograran acreditarla.

Las dos acusaciones, ejercidas por los letrados Antoni Monserrat y Enric Patiño, mantienen en lo básico los mismos hechos. La única diferencia entre ambos escritos estriba en que para el delito de detención ilegal se introduce un agravante por alevosía en uno de los dos casos. Ambos documentos han sido ya presentados ante el juzgado de Inca que investiga los hechos. El ministerio fiscal aún no ha registrado sus conclusiones, paso previo a que califique la defensa y la causa pase a la Audiencia para juicio con un jurado.

Ambos letrados coinciden en que Abarca, de 34 años, mató a la joven de 25 quemándola cuando la tenía drogada y encerrada en su propio coche. El acusado reconoció que la mató de una sobredosis de heroína. El 19 de julio de 2010, a las siete y media de la mañana, Abarca entró en el aparcamiento de la calle Jerónimo Rosselló de Palma en el que Ana Niculai tenía alquilada una plaza. La abordó y le robó 500 euros. Más tarde la metió por la fuerza en el maletero del coche de ella y fue a Son Banya a por heroína. Los escritos coinciden en que para evitar que la joven gritara o huyera le inyectó parte de la droga. Durante todo el día la mantuvo drogada. En el coche la llevó primero hasta Muro, luego volvió a Palma, la ató y le colocó una bicicleta encima. En Ciutat paró a tomar una cerveza para regresar de nuevo a Muro. Allí la tuvo atada en un árbol, luego cambió de lugar y, finalmente en torno a las ocho y media se dirigió con la joven al Camí de s'Amarador, donde roció el coche con gasolina y le prendió fuego con la joven encerrada en el maletero aún con vida.

Las acusaciones señalan en su escrito que el acusado se ensañó con la víctima y por lo tanto aumentan su petición de prisión. También aplican dos agravantes más de alevosía y de reincidencia para los robos: el del coche y el del dinero. Recuerdan que Abarca carecía de carné de conducir y que llevó todo el día el vehículo de manera imprudente.