Manuel Avilés, director de la centro penitenciario de Palma, en una foto de archivo. | Jaume Morey

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Hace tres años llegó al centro penitenciario de Palma con las ideas claras: velar por el cumplimiento de la Ley en favor de la convivencia y la reeducación de los presos mediante la organización de un sinfín de actividades, y tres años después se mantiene firme en su propósito. De esta forma es como Manuel Avilés no se amedrenta ante quienes, desde varios sindicatos de funcionarios de prisiones, han pedido su dimisión por su gestión al frente de la cárcel: «Quien afirma que la prisión es un circo, debe mirarse la vista y algunas cosas más», les responde tajante.

Nacido en Granada en 1954 y con 35 años como funcionario de prisiones del Estado (que «no del Gobierno") a sus espaldas, Avilés está más convencido que nunca de que «si alguien busca un director metido en su despacho, que mire a los presos como expedientes y no como seres humanos objeto de su trabajo, y que opine que el centro penitenciario está en función de los funcionarios y no de los internos, que busque a otro inmediatamente porque ése no soy yo».

Así lo ha puesto de manifiesto Avilés en una entrevista concedida a Europa Press, en la que ha recalcado que varios de los funcionarios que recogieron firmas para pedir su cese acudieron después a su despacho para pedirle disculpas y decirle que actuaron obligados a pesar de que «ni querían ni les apetecía». «Me comentaron que estaban en su lugar de trabajo cuando se presentaron cuatro para pedirles que firmaran», recuerda el director del centro penitenciario, quien desconoce sin embargo de qué colectivo concreto se trata y si tras él se esconde interés político o personal alguno.

«He visto a tres o cuatro representantes moviéndose con frenesí firmante y no he visto nada más», afirma Avilés, que confiesa que le habría gustado ver las firmas y preguntarle «a un funcionario recién llegado, que no ha hablado jamás conmigo, qué le hace pedir mi cese y cuáles son sus expectativas».

Y es en este contexto cuando el máximo responsable de la cárcel recuerda «a estos señores que exhiben determinados carnets» que durante el tiempo que lleva en prisiones «me he jugado literalmente la vida muchas veces, he sido directivo con Gobiernos de distinto signo político y con cualquier Gobierno legítimo y democrático desarrollaré las funciones que me asignen con la misma entrega y la misma fidelidad». «No tengo a día de hoy ningún placer mayor que el de dormir con la conciencia tranquila», espeta Avilés.

Reducción del gasto e incremento de actividades

Defensor de la labor «del 95 por ciento» de los funcionarios de su plantilla, los califica de «excelentes» y los puntúa «con matrícula de honor» frente a una pequeña parte que «en una empresa privada durarían diez días». El director de la prisión palmesana recuerda que cuando fue nombrado para el cargo «me expusieron unos problemas que he intentado resolver a tiempo completo» a lo largo de tres años durante los cuales, con la implicación de los funcionarios, «hemos trabajado en la reducción del gasto de forma importante, hemos incrementado exponencialmente las actividades, impuestas por la Ley y el sentido común, y hemos reducido los incidentes».

Sin embargo, apostilla que «quedan muchas cosas por hacer» y vaticina que «se van a hacer porque tengo los mejores trabajadores del mundo penitenciario», con los que pretende potenciar las actividades, impulsar mejoras en materia de alfabetización, cualificación laboral y profesional así como en el ámbito de la salud mental. Y es más, añade, «tenemos que ser más transparentes: la cárcel no es una realidad opaca, forma parte de la sociedad, la paga la sociedad y la tiene que conocer la sociedad» con las limitaciones presupuestarias «como reto».

Y es que, incide al respecto, «tenemos menos dinero pero tenemos que funcionar mejor, afinando hasta el último céntimo». «Sólo eso nos hará dormir, como me decía un preso cuyo traslado me duele aún no haber evitado, nos hará dormir con la conciencia callada y sin molestar».