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La Sección Primera de la Audiencia Provincial ha condenado a un total de 18 años de prisión a cuatro acusados, procedentes de Camerún y Mali, por estafar 700.000 euros a principios de 2009, mediante el timo de los billetes tintados, a un constructor mallorquín con quien se pusieron en contacto con el pretexto de invertir en sus negocios importantes sumas de dinero procedente de países africanos.

En su sentencia, el tribunal impone seis años de prisión a Emmanuel Elame y Stephan Djemmo como autores de un delito de estafa agravado por el valor de la defraudación, así como tres años por la misma infracción penal para Sekouba Tounkara y Boubacar Tounkara en concepto de cómplices. Además, condena a todos ellos a indemnizar al empresario, Bartolomé N., con 700.000 euros.

Tal y como considera probado la resolución judicial, los acusados explicaron al empresario que tenían dificultades para sacar el dinero de sus países y que por ello debía salir tintado de allí para después blanquearlo fuera. Dos de ellos se pusieron en contacto con él asegurándole que conocían a personas importantes en Africa que estaban deseando adquirir bienes en Mallorca como inversión.

El supuesto hijo de un ministro africano

De este modo fue como Elame se presentó al constructor como una persona solvente y diciendo ser hijo de un importante ministro africano cuya familia quería invertir en la isla los beneficios obtenidos en negocios de petróleo y diamantes para, tras varias negociaciones, llegar a un acuerdo precontractual sobre unos chalets de Santa Eugènia. Sin embargo, ésta fue únicamente la premisa para urdir la estafa, ya que tras ser el empresario citado en un hotel de Valencia, le explicaron que como «personas serias» conocían un sistema para recobrar el color original de los billetes tintados que le entregarían.

Así, tras realizarle una demostración exitosa en el mismo hotel, el constructor fue recibiendo cajas con el supuesto dinero mientras realizaba entregas a los acusados de 120.000 euros, 280.000, 80.000 y 220.000. Fue en el momento en que le solicitaron un millón de euros más cuando el empresario abrió las cajas y comprobó que se trataba de cartulinas negras envueltas en fajos con film transparente, y denunció los hechos ante la Guardia Civil.

El empresario: «Quien tiene hambre come hasta la tortilla»

Durante el juicio, todos los inculpados excepto Emmanuel negaron tajantemente este fraude, mientras que el perjudicado por los hechos manifestó incluso que, pese a que desde un primer momento desconfió y que ni Boubacar ni Sekouba le dieron seguridad alguna, «quien tiene hambre come hasta tortilla» y que «quien mal no hace, mal no piensa».

Bartolomé N. explicó en la vista oral que no abrió las cajas bajo la advertencia de los acusados de que no lo hiciera hasta que recibiera un producto químico que permitía reconvertir los billetes ennegrecidos, y aseveró que cuando le pidieron un millón de euros más y sin haber recibido hasta entonces «líquido alguno», procedió a abrir una de las cajas «temiéndome lo peor» y constatando que se trataba de billetes falsos.