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JUAN MIGUEL LÓPEZ Sillas con las patas hacia arriba, patios cubiertos de charcos de agua, pizarras inmaculadas de tiza y el silencio sonoro de la ausencia de los niños. Éste era el panorama ayer en las puertas de los colegios en una mañana fría de nubarrones y vientos que invitaba a quedarse en lo más profundo del sillón junto al brasero. Una jornada en la que las aulas aparecían desiertas a causa de la lluvia y el viento, así como por la orden del Govern que suspendía para ayer y hoy la actividad docente, aunque no cerraba los colegios.

Un vacío de aulas que, si bien no era total ayer en los colegios de Mallorca, será presumiblemente absoluto en la mañana de hoy, cuando se enfila ya la recta final de la semana. Sólo unos pocos padres, los peor informados o los que por su trabajo no podían hacer otra cosa, fueron los únicos que llevaron a sus hijos a clase.

«No sabía nada. Al levantarme he oído la noticia, pero como el día ha amanecido bueno, he traído a la niña. En principio la voy a dejar, si luego empeora vendré a recogerla», reconocía Antonia, una madre que se dirigía al CP Rei Jaume I. La escena se repetía en las puertas de los centros, donde los corrillos de padres se concentraban en torno a profesores que informaban sobre la situación, a pesar de que no todos los padres parecían estar conformes con la decisión del Govern.

Los profesores se encargaban de terminar de explicar la situación. «Podéis dejar a los niños, que quede claro, pero la Conselleria recomienda que estén en casa, se ha declarado la alerta 'dos' y todo se hace por prevenir», señalaba ayer Sixto López, director del CP Rei Jaume I, quien insistía a los padres: «Los profesores hemos venido a trabajar y los niños no se quedarán solos, pero lo mejor es que todos estén en casa porque si el día se pone peor, puede ser peligroso».