El fuego se inició en un almacén de colchones y la columna de humo que provocó podía observarse desde casi toda Palma. Foto: HUMPREY CARTER

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JAVIER JIMÉNEZ-J.FRANCISCO MESTRE 10.46 horas. Una gran columna de humo gris, visible desde toda Palma, se eleva sobre el polígono de Son Castelló y provoca la alarma en la zona. La humareda era el preludio de lo que luego fue un incendio de grandes dimensiones que destruyó por completo dos naves industriales, provocó desperfectos de consideración en otras cuatro y movilizó a casi una treintena de bomberos. Un desastre que costará muchos millones de pesetas y que ha vuelto a poner de manifiesto la falta de seguridad en aquel polígono.

Las primeras llamas se iniciaron por causas que aún se desconocen en el almacén de colchones «MZ Distribuciones y Representaciones» de la calle Gremi Teixidors número 7 y debido al material altamente combustible que había en el interior el fuego se propagó en cuestión de minutos. Los trabajadores pudieron salir a tiempo, si bien la ausencia de bocas de riego en esa calle impidió una reacción que podría haber atajado a tiempo el desastre. A partir de ese momento el trabajo en las otras naves de la calle Teixidors se paralizó: todo el mundo estaba pendiente del fuego y cuando los bomberos llegaron, el siniestro estaba ya muy extendido. El techo del almacén de colchones se desplomó y las vigas se retorcieron de forma inverosímil, dando una idea de las altísimas temperaturas que se estaban alcanzando en el interior.

Cinco camiones de bomberos y varios vehículos cisternas de EMAYA, además de Cuerpo Nacional de Policía, Policía Local, y psicólogos del 112, iniciaron las tareas de extinción y cortaron las calles adyacentes, para facilitar la entrada y salida de los equipos de emergencia. Poco después de las once, una pared se desplomó y una bocanada de denso humo negro intoxicó a tres bomberos, que fueron retirados de la primera línea de fuego por sus compañeros. Luego, en una nave próxima, ya a salvo, fueron atendidos por los médicos y uno de ellos quedó hospitalizado. Desde una escalera mecánica, a unos 25 metros de altura, una gran manguera no dejó de descargar agua sobre las naves afectadas, a fin enfriar un ambiente cargadísimo y facilitar las tareas de los bomberos.