Patricia Guasp Barrero
Patricia Guasp Barrero

Jurista y Exdiputada Parlament de les Illes Balears

¡Hágase la voluntad del Ejecutivo!

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Durante toda esta semana hemos visto como Moncloa destinaba todos sus esfuerzos a intentar dar la vuelta a su importante derrota parlamentaria con el llamado Decreto Ómnibus. Asistiendo, una vez más, a una representación esperpéntica en el Congreso de los Diputados.

Recuerdo bien cuando al inicio de curso político, el presidente Sánchez lanzó un mensaje en un mitin de su partido diciendo que «el Gobierno seguirá con su agenda política, aunque sea sin el concurso del poder legislativo». A mucha gente se le pasó por alto, pero lo más grave es que lo llevaba escrito en su discurso. Solo le faltó decir «Hágase la voluntad del Ejecutivo». El Congreso les molesta y mucho. Han reducido el legislativo a un mero ‘convalidador’ de decretos.

La realidad es que llevamos mucho tiempo en el que nuestros gobernantes abusan, a veces de forma arbitraria, de la figura del Decreto como vía ordinaria legislativa, anulando cada vez más al poder legislativo. Se han acostumbrado a legislar ordinariamente por la vía de la excepción a golpe de ‘decretazo’ con entrada en vigor inmediata y a regular a golpe de clic en el BOE. Porque no vayan a confundirles, el Decreto-Ley es una figura jurídica que la Constitución limita a casos de extraordinaria y urgente necesidad. Y no solo eso, sino que los utilizan de cajón de sastre para incluir modificaciones a varias leyes y termina sirviendo como instrumento de chantaje a la oposición. Y no todo cabe dentro de la figura del Decreto.

E independientemente de la actualidad que nos ocupa, no deberíamos seguir normalizando esta práctica abusiva que supone una perversión del sistema legislativo y la consolidación de un estado superpoderoso e intervencionista. Un Estado que evoca al modelo descrito por Thomas Hobbes en su provocativo Leviatán que parece triunfar casi cuatro siglos después.

Insisto en calificar de representación esperpéntica lo sucedido. Me refiero al ‘esperpento’ como género literario creado por Ramón del Valle-Inclán que se caracteriza por la presentación de una realidad deformada y grotesca y por la degradación de los valores entregados a una situación ridícula; más cerca de lo dramático que de la comedia. Y muy lejos de la sublime tragedia clásica donde los protagonistas eran héroes. Lo desolador es que detrás de lo esperpéntico y lo grotesco se vislumbra una situación dramática.