La mentira de la ley ómnibus

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Sánchez, Bolaños y Monteros han organizado una ley que bajo el escudo de las pensiones y el transporte nos iban a colar la política bolivariana del Gobierno. Pretendían proteger a los okupas, manipular la Justicia con trajes a medida para sus triquiñuelas e inquinas contra los jueces y fiscales que no atienden sus exigencias. También colaban reformas para la Administración con fines espurios. Y el impuestazo a las energéticas, otra falacia del modelo teatrero habitual. Además de regalar un palacete a los vascos para comprar su voto. Crean impuestos a las grandes corporaciones y así adornan su imagen social comunista. Acaso creen que esto lo pagarían con los dividendos empresariales. No sean fariseos, saben que al final lo acabaríamos pagando los usuarios. Ahora, manipulando como es habitual, culpan a la derecha de ser insolidaria con los pensionistas. Tanta falacia ya no cuela. Nos están crujiendo con una fiscalidad asfixiante. No gestionan de manera adecuada. Todo lo resuelven aumentando impuestos.

Los últimos seis años, Sánchez los ha subido en sesenta ocasiones. Con la caja vacía y con la deuda pública que ha sufrido un incremento sin precedentes se han gastado dos mil quinientos millones de euros para comprar acciones en Telefónica para así poder manipularla. Toman decisiones estatales que al final deben asumir las autonomías y ayuntamientos. Tanta ignominia es permitida por una UE que mira al vacío y por mor de los vascos y catalanes, que legítimamente velan por sus intereses. Esta ley es un homenaje a la demagogia y al cinismo. Luego se rasgan las vestiduras porque gana Trump y parece evidente que la extrema derecha gana adeptos. El Gobierno es responsable de ello, protegiendo a los okupas, permitiendo una inmigración ilegal desbocada y concediéndoles todo tipo de prebendas. Los conservadores no son suficientemente claros con los mensajes para contrarrestar tanta mentira. Les falla la comunicación. Y en algunos casos caen en sus redes por miedo o ignorancia. Ello lo demuestra el transporte público gratuito. Hay que ayudar a quien lo necesita siempre que cumpla los requisitos legales, pero el café para todos va creando una pedagogía de subsidiaridad y derechos adquiridos que la economía no resistirá. Empieza a ser hora de hacerse planteamientos realistas y rigurosos. Somos un país que está en bancarrota, con la tasa de paro más alta de Europa. Vivimos de economía de servicios. La productividad está en declive o desaparecida. El turismo es el motor. Y como su crecimiento es desorbitado e insostenible, acaba redundando en una pérdida evidente de calidad de vida. Hay una superpoblación inasumible, lo decía hasta un gran socialista como el president Antich. Dejen de mentir y gestionen bien.