«Hi ha infiltrats a tota Espanya»

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El documental Infiltrats, emitido en el programa 30 minuts de TV3, dibuja un paraíso terrenal donde los movimientos independentistas catalanes se dedican a actividades tan poco subversivas como talleres de yoga, clases de dibujo, arar un huerto urbano y, alguna vez que otra, impedir pacíficamente un desahucio. El Estado español, sin nada mejor que hacer, decide infiltrar en 2020 –siendo presidente del Gobierno Pedro Sánchez y ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska– a cuatro agentes de la Policía Nacional (dos de ellos mallorquines y uno menorquín) en estos pacíficos colectivos, vulnerando sus derechos. Es fascinante observar cómo, en este mundo idealizado, se asume que el Estado opresor, cruel y sanguinario permanecerá inmóvil, encajando los golpes que los integrantes del universo secesionista quieran propinarle, sin reaccionar. Entre sorprendidos e indignados ante la infiltración policial, ignoran puerilmente que, en cualquier país, las Fuerzas de Seguridad tienen la responsabilidad de vigilar y prevenir posibles amenazas al ordenamiento constitucional. La ingenuidad de pensar que el Estado, se quedará de brazos cruzados mientras se llevan a cabo acciones, delictivas o no, que buscan su desestabilización, es sencillamente alucinante.

El documental nos muestra idílicas escenas de reparto de comida a domicilio entre abuelitos enfermos. Estas son las únicas actividades de estos colectivos. Sin embargo, muchos integrantes de grupos independentistas han estado involucrados en acciones terroristas y subversivas. Pero ellos ignoran esta realidad, presentándose casi como Luther King o Gandhi. La realidad es que la policía no es tonta, ni siquiera cuando gobierna el PSOE. Las operaciones de infiltración son comunes en muchos países democráticos para garantizar la seguridad y prevenir actividades ilegales. Pretender que los movimientos independentistas están exentos de cualquier tipo de vigilancia es vivir fuera de la realidad.

Infiltrats presenta a los independentistas como víctimas inocentes y al Estado como un villano. Allá ellos. Me quedo con una frase que le dice una agente llamada Maria, alias Bàrbara, a su amigo cuando la llama para decirle: «Te hem pillat!». Ella le asegura que de él no ha pasado información; y finalmente le advierte: «Óscar, hi ha infiltrats a tota Espanya. Ho entens? Salamanca, Màlaga, Granada...». De verdad, ¿no lo sabían?