Juan Franch
Juan Franch

Profesor de la UIB

Volvemos al momento difícil

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La realidad siempre vuelve y deja atrás las Navidades, Sant Antoni, Sant Sebastià y alguna que otra neofesta gamberra que también nos permite reflexionar sobre el derrotero de estos tiempos modernos. Puede que nada cambie y continuemos en la deriva de un buenismo que está destruyendo patrones consolidados y tradiciones ancestrales. Al final todo pende y depende de las intenciones y conciencia individual y social ante hechos que intentan reproducir lo que siempre ocurrió o, por el contrario, arrasarlos desde la burla, el olvido o el desinterés. Mientras los foguerons siguen quemando -y así por muchos siglos más- puede ser drásticamente diferente el espíritu y el sentimiento que unía a quienes en el fuego encontraban otro punto de encuentro. Vuelve la normalidad y por lo tanto las trincheras del egoísmo y del partidismo. En un momento en que el mundo está absolutamente en crisis y el gigante americano ha realizado un cambio radical de gobierno que viene avalado por una notoria mayoría que ha convertido a Biden en una anécdota (como ocurre con la práctica mayoría de políticos de estas últimas décadas), Trump, acabamos de escuchar su primer discurso como POTUS, vuelve con una batería de medidas cuyos efectos comprobaremos en breve. Su intención, al menos, no es perder un tiempo que va demasiado rápido y que a su edad es todavía más preciado. Este es el gran problema de las Baleares, muchas medidas se inician a final de legislatura y se desmontan en el primer cambio de gobierno. Ello lleva, por desgracia, a no tener estrategias consensuadas y sólidas y tener que solucionar los problemas desde la inmediatez y a modo de parche (muchas veces con el mero fin de contentar a unos medios que, lamentablemente, tienden a perder independencia y viabilidad económica). Los valores han cambiado, la ética y la moral viene dictada por personajes que terminan mostrando una realidad totalmente distinta de la que predican. En fin, sobrevivimos en una gran mentira y no está únicamente en el poder de desinformar de una red social que, como todo, dejará de estar de moda y será sustituida. Mientras intentamos regular a todos los niveles el funcionamiento y contenidos de estas plataformas nos olvidamos de una existencia a pie de calle que llena muchísimas páginas de sucesos. Se nos ha ido de las manos y la democracia española está tornando en jungla. Si suena pesimista tiempo al tiempo mientras contemplamos la contaminación de poderes. Lean si no que dicen o han dicho recientemente aquellos que más han estudiado el derecho público de este país como Tomás Ramón Fernández o Alejandro Nieto. El primero afirmaba hace unos meses que «vivimos un momento difícil porque el poder ejecutivo en nuestro país está arrinconando el Estado de derecho y ahora parece que va a por los jueces». Lo lamentable es que siguen interesando más los éxitos deportivos o las maniobras que remueven el pasado para justificar y maquillar un presente difícil y muy preocupante. Siéntense y esperen.