Gemma Marchena
Gemma Marchena

Periodista especializada en municipal (Palma)

Fuego

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En el pueblo de mi padre, allá en la Extremadura profunda, un día decidieron sacar a la Virgen para invocar a la lluvia. La tierra se había cuarteado, las cosechas se habían agostado. Los cortes de agua a las poblaciones eran continuos, los pozos ya estaban exprimidos. No sé si funcionó o no, pero sospecho que ha vuelto otra vez ese pensamiento mágico de que una imagen bendecida puede cambiar nuestra suerte. Un extraño viaje en el tiempo.

El domingo, un buen puñado de palmesanos fuimos a llevar huevos a Santa Clara, manteniendo la tradición. El objetivo no es que no llueva el día de la Revetla. De hecho, tiene cierto encanto aguantar la tormenta, somos gladiadores de la jarana bajo el chaparrón. La idea es que llueva, pero flojito, bien, suavemente durante muchos días. Los niños son inoculados de la tradición para no desdibujar la ciudad cuyos bordes ya están difusos: son nuestros herederos. Pero jamás hay que olvidar a los científicos. Y mucho menos en esta era de negacionismo. El cambio climático no existe, dicen algunos, aunque el Mediterráneo hierva a 30 grados. Aunque la gota fría lance un muro de agua furiosa a nuestras tierras. Aunque una tormenta de fuego azote Los Ángeles e incinere miles de viviendas. El cambio climático no existe y los científicos son unos exagerados. Curiosamente, las aseguradoras decidieron hace cuatro meses cancelar los seguros de las viviendas de Los Ángeles, aquellas que ahora han perecido bajo las llamas, por el alto riesgo de huracanes, terremotos y ese mismo fuego que las ha consumido, alimentado por una voraz sequía. Hay que dejar de rezar al cielo para volver a mirar a la ciencia.