Jaime Vázquez
Jaime Vázquez

Periodista

Permisos climáticos

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De todos es sabido que una parte del deterioro intelectual y cultural de la clase política española actual se refleja en el lenguaje. Un lenguaje impropio que afecta de manera indiscriminada a todos los sectores ideológicos del arco parlamentario. Escuchar a sus señorías evidencia más ausencias que presencias. Me refiero a ausencias en el habla, fórmulas, expresiones, giros, modos, usos y costumbres. Nada, nada de nada. Si acaso abusos, muletillas, inexactitudes, incorrecciones y fórmulas manidas que se repiten de forma persistente hasta aborrecer al auditorio que los escucha. Sirva como ejemplo el término bulo, quizás la palabra que más veces aparece en los diarios de sesiones del hemiciclo parlamentario del año finado. Y es que bulo acompañó a fango hasta que éste último llegó de verdad con la dana valenciana. Estoy seguro de que algún asesor acertado, cuando todavía había cadáveres enfangados en las tierras inundadas, advirtió a sus señorías para que dejaran de abusar del sustantivo.

Otro ejemplo de uso inadecuado del lenguaje lo vivimos con la aprobación del real decreto ley conocido como ‘permiso climático’, aprobado hace un mes por el Consejo de Ministros a propuesta del Ministerio de Trabajo. Se trata de una autorización retribuida que permite a los trabajadores no acudir a su trabajo en caso de catástrofes naturales o alertas meteorológicas. Fue la ministra del ramo, Yolanda Díaz, quien, orgullosa del logro laboral, tituló la normativa como «ley de permiso climático». El caso es que cuando uno lee la ley se da cuenta de que los permisos aprobados por la normativa vienen dados por motivos meteorológicos y no climáticos. Los climas son estables, las irregularidades que se generan son meteorológicas. Qué lástima que una vicepresidenta del Gobierno no distinga entre clima y meteorología.