Permisos climáticos
De todos es sabido que una parte del deterioro intelectual y cultural de la clase política española actual se refleja en el lenguaje. Un lenguaje impropio que afecta de manera indiscriminada a todos los sectores ideológicos del arco parlamentario. Escuchar a sus señorías evidencia más ausencias que presencias. Me refiero a ausencias en el habla, fórmulas, expresiones, giros, modos, usos y costumbres. Nada, nada de nada. Si acaso abusos, muletillas, inexactitudes, incorrecciones y fórmulas manidas que se repiten de forma persistente hasta aborrecer al auditorio que los escucha. Sirva como ejemplo el término bulo, quizás la palabra que más veces aparece en los diarios de sesiones del hemiciclo parlamentario del año finado. Y es que bulo acompañó a fango hasta que éste último llegó de verdad con la dana valenciana. Estoy seguro de que algún asesor acertado, cuando todavía había cadáveres enfangados en las tierras inundadas, advirtió a sus señorías para que dejaran de abusar del sustantivo.
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