Lo de Franco no cuela

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Lo de resucitar a Franco, no cuela. Tanto dar vueltas retorciendo la historia de la muerte del dictador, para ver que, al final, apagados los focos de los medios, el elefante de la agenda judicial del entorno familiar y político más próximo a Pedro Sánchez siga allí, porque los jueces seguirán con su trabajo ajenos a la maniobra de distracción urdida desde la factoría de La Moncloa.

Franco murió en 1975, tres años antes de que fuera aprobada la Constitución. No hubo épica en la muerte del dictador porque la desaparición del régimen político franquista no fue instantánea. Fue fruto de un complejo proceso de negociación en el que desempeñaron un papel fundamental el rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y Santiago Carillo y más tardíamente Felipe González y Manuel Fraga. Todo ello en medio de la arremetida criminal de los terroristas de la ETA que, en esos tres años, asesinaron a 110 personas. Ni una palabra dedicó Sánchez a recordar a las víctimas de la banda nacionalista de extrema izquierda. Quizá para no molestar a los diputados de Bildu. Dijo Pedro Sánchez (nacido en 1972) que la extrema derecha avanza en Europa y que, en nuestro país, algunos quieren que olvidemos que España estuvo gobernada por una minoría autocrática y represora. También añadió que podría volver la dictadura. El miedo a la extrema derecha le funcionó como espantajo en las últimas elecciones pero ahora no parece que las cosas vayan por ahí. Hablando de olvido lo que parece evidente es que este tipo de actos de política recreativa tienen como objetivo que olvidemos la densa agenda judicial que se empieza a despejar estos primeros días del año y afecta al entorno del presidente del Gobierno. En resumen: que lo de Franco no cuela.