Persuasión
El sujeto en cuestión me estuvo dando la lata durante 39 minutos, de pie, a la puerta del estanco donde compro a diario tabaco y periódicos. No me explico cómo aguanté tanto tiempo, pero se nota que este latoso era muy persuasivo. A poco que salgas de casa, y yo salgo poquísimo, es normal que tropieces con viejos conocidos en la verdulería o el estanco, pero el caso es que el tipo del martes pasado, aunque me saludó con exagerado entusiasmo, era viejo, pero desconocido. Se supone que yo debía saber quién era, puesto que él parecía conocerme de toda la vida y se expresaba con mucha familiaridad, pero por más que me esforcé durante 39 minutos no conseguí recordarlo. De vez en cuando deslizaba una hábil pregunta encriptada para tratar de localizar pistas en la memoria, pero ni por esas, no había manera. Así que al poco rato, como no entendía nada de lo que me decía y su voz era muy persuasiva, como la de un presentador de telediarios, me limité a asentir vagamente con la cabeza mientras trataba de identificar de qué me sonaba su cara. Porque me sonaba. Quizá me recordaba a alguien, salvo que ahora era treinta o cuarenta años más viejo ¿Y por qué digo que el latoso era muy persuasivo, si no entendía qué me estaba contando? Supongo que por el tono, la dicción, la impecable fonética. A los perros se les persuade así, con el fraseo. Y de momento, de lo que me estaba persuadiendo aquel pesado era de quedarme allí, quieto como mobiliario urbano a la puerta del quiosco, aguantando con disimulo su cháchara incomprensible. Por el tono. Y, como iba diciendo, sin saber quién mierda era ese capullo ni por qué la había tomado conmigo, con la cantidad de gente que había en la calle. Una lapa persuasiva. Me preocupó que pareciese conocerme a fondo, incluidos secretos que yo he olvidado, aunque igual se lo inventaba todo. Cualquiera sabe. Hasta llegué a pensar, se piensa mucho en 39 minutos plantado en la acera como un pasmarote, si el locuaz latoso no sería mi doble, o mi otro yo envejecido, o chorradas por el estilo. En tal caso, quizá intentaba prevenirme de algo. Ahora cada día vigilo antes de acercarme al estanco, no sea que ese tipo vuelva a hacerse el encontradizo.
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