Torres Blasco
Torres Blasco

Periodista especializado en política

Memoria, desmemoria y una conmemoración

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Es posible que al diputado mallorquín de Vox que intervino el martes en el debate sobre la derogación de la ley balear de memoria democrática le pareciera gracioso -e incluso una provocación infantil como decir caca culo pedo pis con el propósito de escandalizar o llamar la atención- terminar su intervención empleando unas palabras del testamento de Franco que leyó Arias Navarro en un ensayado discurso con sollozos el 20 de noviembre de 1975. Es posible que, incluso, creyera que habría quienes no percatarían de la cita. Ese diputado de Vox fue el mismo, que en la pasada legislatura, aprovechó una pregunta al entonces conseller responsable de aplicar las políticas previstas en la ley de memoria democrática para reclamar que «se fumigara» el departamento encargado de esas políticas hasta eliminar chinches y cucarachas. El próximo año se cumplirán cincuenta de la muerte de Franco (en la cama de un hospital, por cierto). Tanto Feijóo como Ayuso (otra provocadora como el de Vox, esa que dice me gusta la fruta cuando quiere llamar a alguien hijo de puta) han ironizado por el hecho de que el Gobierno de Sánchez quiera recordar esos años que han pasado desde entonces. ¿Es necesaria esa conmemoración? Pues igual sí. Pero con todas sus consecuencias. También recordando que fue el dictador quien optó por «restaurar» la monarquía y quien eligió entre un rey padre y un rey hijo el que tenía que sucederle aunque luego se construyó la democracia. Más allá de la gracia que pueda hacerle al diputado plagiar las palabras de Franco la conmemoración es un ejercicio de memoria sobre aquella época y lo que vino después. Y llegará también 2026 y otro aniversario: el de la Guerra Civil. Para entonces puede ser que ya no quede ni un testimonio vivo de aquella época tan próxima (eso será en 2036) a cumplir cien años. Es importante la memoria.