Gemma Marchena
Gemma Marchena

Periodista especializada en municipal (Palma)

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Ahora que los costes sanitarios han vuelto a la palestra con la extinción de Muface, me vienen a la memoria las manifestaciones de aquellos que abogan con derribar la sanidad pública. Dicen que con el seguro privado, al estilo de Estados Unidos, sería todo más eficiente. Sin embargo, la vida está para darnos sorpresas y nunca sabe uno cuando tiene que ir corriendo al hospital. Mi recuerdo más reciente es el de un parto sin cesárea, atendido en Son Espases en condiciones excelentes. Si tirásemos de un sistema privatizado, la factura me habría salido por 20.000 euros, todo esto sin contar las complicaciones del último minuto por culpa de un cordón umbilical enredado en el cuello. ¿Me habría salido la cuenta por 40.000 euros después de que una docena de médicos, enfermeros y auxiliares salieran corriendo para socorrer al bebé? Sin duda, tendría que haber pedido un crédito para atender las facturas.

Me viene a la cabeza otro caso: amigas de mi edad a las que les han detectado un cáncer de pecho. El tratamiento con quimioterapia puede alcanzar la cifra de hasta 100.000 euros. Después hay que añadirle los medicamentos. Hay algún iluminado youtuber residente en Andorra hablando de independencia financiera y de esquivar a Hacienda. Pero no dudará en volver corriendo a España en cuanto le haga falta la denostada (por algunos ingenieros de la vida) sanidad pública nacional. No somos conscientes de lo afortunados que somos por contar con un ejército de sanitarios que velan por nosotros y con un sistema que no nos hunde en la ruina si alguna vez la enfermedad nos alcanza. Eso sí que no tiene precio.