La libertad guiando al pueblo
Ha pasado mucho tiempo desde que Delacroix pintó en 1830 su célebre lienzo La Libertad guiando al pueblo, en el que una hermosa muchacha de pecho desnudo lideraba la revolución contra el poder monárquico absolutista, y como el tiempo no pasa en vano, a quien guía actualmente la libertad, me figuro que púdicamente tapada, es a gentes de extrema derecha, financieros, inversores, líderes ultra y multimillonarios tecnológicos. En el cuadro aparecen grupos de desarrapados revolucionarios, un muerto en primer plano, algunos heridos y también un tipo con sombrero de copa representando a la burguesía (al pueblo unido), y ahora supongo que se verían ahí docenas de sombreros de copa y ese desarrapado muerto, vestigio del original. Sí, las palabras, sobre toda las más grandes (dinosaurios verbales), como todas las criaturas vivas, cambian de sentido con el paso del tiempo; nacen, crecen, se reproducen y mueren. Antes de morir evolucionan, igual que cuando esos hermosos dinosaurios se convirtieron en gallinas. Pero aunque adquieran nuevos sentidos y significados, como la palabra libertad de la que estamos hablando y a la que no reconocería ni su madre, no pierden los antiguos, que se superponen en capas y estratos. Algunas, libertad es el ejemplo de mayor actualidad, son por sí mismas auténticas torres de Babel. Cada cual entiende lo que quiere, así como de sus derivadas (liberal, neoliberal, libertario…, menos mal que nos queda libertino), y aunque siguen enarbolando banderas como en el cuadro de Delacroix, quién sabe qué mierda son esas banderas. Y hablando de figuras alegóricas, esta apropiación de la libertad por la ultraderecha (Milei, Trump, Ayuso, Musk, etc.), que se llenan la boca con ella y hasta la mastican, es el mayor acontecimiento cultural desde el rapto de las sabinas largamente pintado y esculpido. Ya saben que yo soy muy aficionado a todas las palabras, vivas o muertas, porque ellas constituyen el mundo. Pero con la palabra libertad siento últimamente un extraño malestar, cambio de acera. También con la palabra identidad. No digo que no guíe al pueblo. Pero adónde. Y sobre todo, que nos sale carísima. Sólo parece estar al alcance de multimillonarios.
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